miércoles, 4 de septiembre de 2013

EPISODIO 3: LA LIGA DE PERDEDORES: ¿NO MÁS? (ESCRITOR INVITADO: BRIAN MICHAEL BENDIS)


Edificio de reunión del Consejo de Seguridad de la ONU, Ginebra, Suiza, hace dos años...

¿Qué es esto? ¿De repente estamos esperando por el resto de nuestros compañeros durante quince minutos? – Pregunta agitado un rubio cercano a los 100 kilos, sudoroso y con un exagerado acento francés – nunca recibí el memo con sellos oficiales… además ¿en Ginebra? ¿Sucede algo en Nueva York?

Lo adecuado habría sido esperar en realidad nada, – interviene un cordial inglés dientón oloroso a colonia y que juega con una servilleta en sus flacos dedos - pero no se trata de eso, me temo, colega. Además el Hilton tiene la misma fama aquí que en NY… pero nuestros compañeros estadounidenses tienen algo delicado que comunicarnos.

Los dos hombres aludidos, ambos de rangos militares, asienten con la cabeza y uno de ellos, luego de sacar un maletín, coloca unas carpetas sobre la mesa y abre una de ellas: “Nuestro nuevo grupo de operaciones encubiertas, señores” son las palabras que el de más edad suelta a los otros hombres. Con que ahora usamos instalaciones oficiales para ilícitos – replica el inglés – hay maneras comandante.

De maneras estamos hasta el tope señor, esto es urgente. Con todos esos grupos de súper héroes ocupándose de amenazas cósmicas y personales, desde crisis infinitas a robos a mano armada, nadie ocupa en realidad algún grupo paramilitar eficiente que sirva a nuestra institución – contraataca el militar gringo – me refiero, al mundo entero, coordinado por la ONU… simplemente, no hay grupos de súper humanos atendiendo las amenazas, pues, poco comunes que significan un equilibrio entre todas las necesidades mundiales. Además, afrontamos necesidades que han estado amenazando al mundo entero y nadie contando a los súper héroes formales, en realidad arriesga su pellejo tanto si sabe en lo que se mete.

¿Qué es lo que proponemos? – Continúa el general Babbage – Un equipo de operaciones paramilitares, que no sepa en lo que se mete. La belleza de esto, es que reclutamos a un montón de héroes de segunda a manera de parole officers de un montón de villanos no dañinos, en vías de redención, todos ellos mediocres, que nos sirvan para organizar con el resto del Consejo de Seguridad esta fuerza integradora y pacificadora que ayude a obtener recursos de los gobiernos asociados. Claro que lo de fuerza integradora y pacificadora es sólo una pantalla para lo que realmente queremos obtener y no necesariamente el Consejo debe enterarse.

Pero espere general – interrumpe el sudoroso Jean Marc- ¿qué es lo que queremos exactamente?

Queremos no tener malos entendidos con los países que no están con la ONU. Y es todo lo que necesita saber – contesta tajantemente Babbage -.

¿Es eso cierto? – inquiere sorprendido el franchute –

Por supuesto – contesta Babbage –

Por supuesto, dice él – voltea ofendido Jean Marc viendo al inglés – por supuesto. Nos vienen a secretear yanquis y luego nos coartan la información.

¿Es eso cierto? – inquiere Charles el inglés –

Por supuesto – contesta Babbage –

Por supuesto, dice él – repite también ofendido Charles – y nos habla de una banda de perdedores. ¿De qué nos sirven esos perdedores?

Babbage saca una fotografía de uno de los folders y la extiende a los europeos. La fotografía es de un individuo sudamericano, ataviado todo él, de ropas doradas - ¿Le es familiar la historia de El Dorado?
¿Qué es esto? – Replica aún más ofendido y aún más sudoroso Jean Marc - ¿Me viste cara de barcelonés? Soy parisino, un francés, el sangrón europeo, no el ignorante europeo, mon dieu, ce n´est pas possible. Claro que conozco la leyenda de El Dorado, ¿qué con eso? Es una leyenda y tú fotografías a un sans foyer en alguna fiesta patronal indígena.

Jean Marc – replica Babbage comenzando a desesperarse, pero aun así, blandiendo una sonrisa – él es El Dorado. Es un dios y él será nuestro agente.

Episodio 3: La liga de perdedores: ¿No más? (Escritor invitado: Brian Michael Bendis)

Bodega privada miscelánea, Ginebra, Suiza, ahora

Muy bien, colóquenlo en esa silla. Esperaremos a nuestros contratantes, monten guardia uno a cada lado – indica un hombre encapuchado, igualito a esos que leímos en el capítulo próximo pasado como dicen los mamones, a otros encapuchados también igualitos, de hecho pa´ mí que son los mismos. – recuerden que si hace algo extraño, pueden dispararle.

El Dorado, con gesto malhumorado está atado de las manos y sólo observa a sus captores. Uno de ellos mira al sudaca negando con la cabeza. - ¿Para qué le amarraron las manos ¿No saben que este tipo es como un dios o algo así? – pregunta enojado a los otros encapuchados. Uno de ellos sólo atina a decir: Soy ateo, así que si éste es un dios, no puedo verlo. El inquiriente ríe y se dirige a El Dorado – Hey tú, este tipo no cree en ti aunque te puede ver, ya sabes, físicamente y todo, no puedo creer que sólo estés ahí sin hacer nada. Demuéstrale tu furia, la furia de los dioses, ya sabes, que se arrepienta o algo así. ¿No oyes? ¿No tienes algo que decir a este incrédulo? Ja, ja, supongo que eso es algo muy divino, quedarse callado. El Dorado comienza a revolverse, primero con un gesto de incomodidad, luego parece fúrico pero aun así no dice una palabra. Los encapuchados comienzan a reírse abiertamente del héroe, pero en ese momento tocan a la puerta y todos callan. Al abrir la figura del General Babbage aparece, acompañado de otros militares que portan unas armas más parecidas a unos cajones de esos de madera bien chidos que tienen agarraderas que parecen pezones gordos. Babbage se dirige a El Dorado: - ¿Y bien? ¿Qué tienes que decir? – El Dorado sólo lo observa y hace gestos, muchos gestos, demasiados de hecho. Babbage se aleja y dice: Éste individuo no es El Dorado. Mátenlo. Babbage sale con sus acompañantes y los encapuchados no sin sorpresa apuntan a El Dorado que suelta un chillido agudo, mientras su cuerpo comienza a deflacionarse y chorros de humo lo rodean. El jefe de los encapuchados dispara aterrado, pero El Dorado desapareció. - ¡Dicen que es un dios! ¡Deberíamos tener más cuidado! – grita uno. – Pero el general dijo que no era El Dorado – grita otro. De repente, uno de ellos dice más calmado: Tal vez sólo desapareció… ¡Atrás de ustedes! – Los otros tres armados voltean hacia donde su compañero señala y le arrebata su arma al más cercano, disparándole a todos. El encapuchado traicionero toma la radio y prueba su alcance. Toma el arma y municiones de uno de los caídos y manda un mensaje: Sáquenme. Unos segundos después, un portal se abre enfrente de él, el Hombre Puerta a su servicio, casi lo quiere abrazar, el encapuchado cambia a su forma original, es Oolong el cerdo cambia formas, pero no cambia sus costumbres al soltar insultos con lo pesada que es ahora su carga. ¡Vámonos! – chilla mientras desaparece el portal de Puerta.

Edificio de reunión del Consejo de Seguridad de la ONU, Ginebra, Suiza, hace dos años

Señores, hemos revisado estos perfiles ya durante un par de horas… todos son en efecto perdedores, incluso el agente infiltrado – dice Jean Marc – ahora bien Babbage, ¿nos dice que necesitamos a un líder? ¿Cómo así? ¿Nuestro agente no puede serlo?

Babbage se acomoda la corbata y explica: Nuestro agente sólo se encargará de cumplir con las misiones, las verdaderas misiones, gracias a sus excelsos poderes. El líder será el rostro de este equipo de operaciones, será la luz verde en esta pequeña organización en la que estamos por meternos, dado que esto será un programa del que recibamos los fondos necesarios desde la ONU, para que esta gente haga lo que necesitamos. Para eso, necesitamos que el líder sea un individuo tan pagado de sí mismo y tan imbécil que nunca note que está siendo engañado, para eso necesitamos que no tenga poderes, sólo un ego desmedido y que sea un perdedor certificado, un pobre diablo inútil y rechazado, un fracasado inepto que no sepa sacar su cabeza de su propio culo, alguien cuya megalomanía opaque hasta el pensamiento más sencillo y humilde, que crea que es un tipo tan especial e inteligente, que es único y que tenga oídos sordos a todas las voces contrarias a la suya. Pero Hansel y Juanz no podían, el primero fingía estar ocupado y el segundo pensaba estarlo, así que la última opción fue este tipo: Sinuhé, un mexicano, es decir, un individuo destinado a la manipulación y el engaño: la presa ideal.

Después de intercambiar miradas y algunas discretas sonrisas al ver la fotografía del pretendido líder del equipo, Jean Marc y Charles asienten. – Entiendo entonces que esto servirá – advierte Charles. – Servirá – Afirma Babbage. – Seguro que servirá – reafirma, hablando por primera vez su compañero, el comandante primero Pee Wee. Jean Marc asiente – sí, servirá – Los cuatro afirman con la cabeza – apoyaremos el proyecto – aprueba Jean Marc, - así será, lo apoyaremos – respalda Charles, - es grato saber que lo harán – concluye Babbage - , - ¡Sí! – musita emocionado Pee Wee, - Bueno – agrega Babbage – pues yo creo que ya ¿no? -, - Sí, ya – puntualiza Jean Marc, - Pues órale, come on – solicita Charles.

Ahora, Cuartel de la Liga

Bueno, bueno, bueno, a ver, reorganicémonos gente – clama impaciente el líder indiscutible de la Liga, apenas dándose cuenta que le rodean los más fieles, es decir, los que no tienen a dónde más ir. Apenas los cuarteles principales tienen la presencia inevitable de Lionel Hutz, Babalú, El Esclavo, Ram Man, Mammooth, Gizmo y el Capi Boomerang. El resto se han ido o han desalojado el lugar, el final es inminente y antes de que Sinuhé tome la decisión de incendiar el lugar y sentarse a reírse escuchando ópera y degustando el whiskey más barato a su alcance, quiere verificar que su paranoia es cierta: A ver Esclavo pellízcame pa ver si es cierto lo que veo…. El Esclavo tan rápido como su reptiliano culo se lo permite acude presto y veloz: ¡Chi-chi-chi amo, ahorita le checo con las uñitas de pinza que diosito reptil me dio! Pero la paranoia es un hecho, después de advertencias que no obedecieran los miembros de la Liga, la intrusión de las fuerzas armadas avaladas por la ONU, es un hecho. El lugar, con todo y el revestimiento metálico se cimbra, -  ¡es catastrófico! – grita el antediluviano Babalú - ¿qué hacemos ahora? La estrucchor se comienza a caer a su alrededor, los muy güeyes nomás corren como locos, el líder está destrozado: ¡Y yo que ya había juntado fuerza de voluntad pa´ no tragarme todo el chupe que compré y armar mi cava! Total que es todo un desmadre, Boomerang encabronado trata de contactar al Hombre Puerta y Ram Man pega de brincos pacá y pallá, descontrolado. Sinuhé intenta reproducir la escena de Pelotón donde Charlie Sheen es balaceado hasta la ignominia pero lo de la actuada nomás no se le da, Babalú en la loquera y con su cabeza de marro bien puesta le pega a una pared abriendo un boquete inmenso. Gizmo grita a todos: ¡Hey, miren, vámonos por aquí! ¡Ram Man, si vas a brincar nerviosamente, hazlo por aquí! Acto seguido, entre Ram Man y Babalú abren boquetes para la huída, todos van corriendo hasta que en sus jetas se derrumba la gran montaña que les servía de fortaleza, toda se derrumba, están perdidos, frente a Sinuhé se aparece un rombo enorme: Disculpe señor la tardanza – le dice la voz amable y preocupada del Hombre Puerta -  lo siento mucho amigos dice al resto mientras las rocas los cubren no sin antes llevarse la última mentada de madre de Boomerang.

Sinuhé cae en un montículo de arena, mientras a dos metros de altura levita débil la luz de la puerta interdimensional del Hombre Puerta. Su voz se escucha entrecortada, débil:  Señor, me … reuniré con usted en cuanto sea posible… Oolong está seguro… tiene información… pero no sé en dónde lo dejé… mis habilidades están… fallando… trate de mantenerse quieto… las coordenadas intento… resista. En ese momento, el rombo gigante desaparece en el aire.

¿Qué? ¿Eso qué? – grita este personaje que desesperadamente busco se relacionen e identifiquen con él - ¿On toy?, Esto es… ¿esto qué? – Al extender la vista, podemos ver la violentamente irónica situación en la que se encuentra: el desierto de Libia, en medio de la nada y con un calorón más feo que en Jáltipan.



1 comentario:


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