jueves, 18 de julio de 2013

DEL CIELO DE LOS INMORTALES Y OTROS CUENTOS DEL INFRAMUNDO...


"La muerte es algo terrible en aquellos 
para quienes con la vida se extingue todo, 
pero no lo es para los que no pueden morir 
en la estima de los hombres"

Cicerón - [Paradoxa 18]

           La idea o noción de inmortalidad, se construye e interpreta de diferentes formas a lo largo de la historia. Muchas veces la cuestión no se encuentra explicita en el desarrollo del pensamiento universal, pero he aquí, que leyendo entre líneas aparece clara y precisa en varias disertaciones. En una parte importante de la obra filosófica de María Zambrano, podemos asir o sentir con sutilidad la esencia de tal representación: el camino hacia la inmortalidad en el Ser, comienza en el despertar del hombre a un sueño creador. El Ser en animales y naturaleza, refiere o cumple su función sin un pleno uso de conciencia o un mínimo de reflexión sobre su propósito. En cambio, el Ser en la humanidad oscila entre una cuestión múltiple de voluntad, trascendencia y exigencia de razón poética ante el inmenso horizonte de su libertad (de ahí la metáfora del sueño complementando a la conciencia). Bajo esta visión, la historia humana es entonces, un ciclo de nacimiento y muerte (con todo lo que conlleva y hay enmedio de estos dos conceptos) por lograr que nuestro Ser renazca en los puntos trágicos de la vida, se sobreponga a la angustia de su liberación y explote todo el potencial. Es mudar de piel de manera perentoria a través del espacio-tiempo (pues con la muerte física no acaba el ciclo), y descubrirse en la inmortalidad de todo aquello que define y contiene en los hombres.

Vemos así en este ejemplo que la idea abordada, es también la lucha contra la pura supervivencia, contra lo incivilizado o involutivo, y contra la simple ausencia de directrices. No solo es la superación de un estado instintivo, es también la forja de un destino o la consecución de otro mejor. Empero, la noción debe entenderse mas como consecuencia y no como un lugar al cual llegar (misma situación con la felicidad, para infortunio de los optimistas). No hay un manual de la inmortalidad, así como no lo hay para la alegría eterna. Tanto en el plano metafísico como en el conflicto por ser recordado y soslayar el olvido (ver DISTOPÍA No. 4 http://distopiasensacionaldecultura.blogspot.mx/search/label/El%20Olvido) el asunto trata sobre perdurar o vivir de alguna u otra forma, ya sea en la memoria colectiva o en la transmutación del alma (reencarnación), indefinidamente.

Sin embargo, no todos estamos llamados a entrar a ese cielo, ya que la mayoría de las veces es producto y contingencia de una coyuntura clave en la historia, o dicho de otra forma... se exige un sacrificio (en la mitología los héroes no lo son porque si). La hazaña o proeza es un acto desinteresado, desesperado en un sentido de acuciante necesidad y finalmente amargo. La verdadera epopeya es una lección didáctica de valentía (u otros tipos de virtud) frente a un momento difícil en el cual se jugaba el todo por el todo para mantener con vida un pueblo, un ideal o sencillamente por evitar que un mal mayor se extendiera. Los inmortales tuvieron que pagar un precio alto a cambio de la salvación de sus congéneres mortales. Es por ello, que su antítesis o enemigo, muchas veces pierde su nombre y es prohibido o borrado (o negado como a Lucifer) de las narraciones posteriores a la gesta heroica (queda lo innombrable para no dar alguna posibilidad de que a futuro otros traten de imitarlo o formen un culto). En contraparte, la proeza se mitifica y representa infinitum con el fin de reproducirla en posteriores situaciones de fatalidad e inspire a otros a trascender.

Vemos por consiguiente, que la condición de inmortalidad no se elige voluntariamente, ni se audiciona para ella, los Dioses tampoco mandan la invitación (no cae del cielo y mucho menos a cualquiera), y si bien podemos identificar elementos incidentales y espontaneaos (y a veces fortuitos), lo inmortal solo se alcanza mediante cierta entereza de carácter y pureza de intención (de ahí se explica precisamente lo casual y natural aunque más bien se trata de honestidad). De esas actitudes tan humanas se llega a lo divino, del temor inicial y la duda interior, al servicio de algo más grande que la vida misma (personal o espiritual o sin remitente pues a veces solo existe el sentimiento). Es así en la actividad creadora lo que nos convierte en Dioses: una obra inmortal y de ahí el nombre en letras de oro. Caso contrario en las religiones monoteístas (no todas), la inmortalidad como zanahoria a cambio de buen comportamiento. Sobre esto, el escritor Gerhard Herm apunta: “La religión es, entre otras cosas, un medio para que la gente se resigne al hecho de que algún día ha de morir, ya sea prometiéndole que tendrá una vida mejor después de la muerte, que renacerá, o ambas cosas.”

Es así que en la fe, lo corpóreo perece pero nuestra alma persiste con los valores ganados en vida. La visión platónica de la inmortalidad del alma no pudo encajar mejor con el judaismo, cristianismo e Islam, dando así (a una buena parte del mundo) un placebo ante el trance de la muerte. En el caso de las doctrinas reencarnacioncitas como el hinduismo, budismo, taoísmo y otras similares de antiguas civilizaciones, es el karma lo que le da cierto sentido al ciclo de la rueda de la vida: inmortalidad a partir de la redención. En todos los casos posibles (credos, mitos, contingencia histórica, ambición de superar a los coetáneos y otros) podemos inferir la obsesión por la inmortalidad, por vencer a la nada. Es un camino a la iluminación tanto como lo puede ser hacia la locura, y al final, quedan siempre los enigmas de lo oculto y esotérico: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día” - Jesucristo... ¿Parábola, verdad o conocimiento cifrado gnóstico solo para iniciados? He ahí otra línea de investigación a seguir que se pierde en la noche de los tiempos. Sería interesante saber que hay detrás de esa criptica sentencia, pues hasta ahora lo único palpable que ha perdurado de nosotros (y perdurara por siempre como rasgo inmortal) es nuestra simple y llana estupidez. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario