jueves, 14 de agosto de 2014

ESPERANZA


Debo reconocerle al lector que, cuando me propusieron esta temática, no pude sino renunciar a escribir. No se puede escribir de lo que uno no sabe o carece. ¿O, sí? Siempre me han inculcado escuchar y no hablar de lo que no sé. Pero, si aceptaba el hecho de que no sabía de esperanza, estaba reconociendo que yo era un ser desesperanzado y esto no es exactamente cierto. Así pues, debía algo, por pequeño que fuera, que yo pudiera aportar.

Desde la noche de los tiempos, la humanidad tiende a representar lo que le sucede, lo que siente, sus formas de hacer, su visión del mundo. Desde guerras hasta escenas de la vida cotidiana y la esperanza, por extraño que parezca, es un hecho cotidiano. Por lo tanto, ¿cómo hemos representado a la esperanza? ¿Qué es la esperanza?

La esperanza es algo muy subjetivo y depende desde el prisma que se observe y responde a la cultura que la defienda. Puesto que no puedo hablar de lo que no sé, no puedo hablar de las culturas orientales, africanas, americanas o nórdicas; no obstante sí puedo hacer una revisión iconográfica de la esperanza en mi añorado Mediterráneo, en mi cultura greco-romana, a veces empapada de cristianismo.

Empecemos.

Uno de los primeros símbolos que representan a la esperanza es el ancla o áncora. Los primeros artistas mediterráneos usaban el ancla como alegoría de la navegación, sin embargo, el hecho de mantener la embarcación asegurada hizo que se transformara en una alegoría de la esperanza. Es aquello que nos mantiene firmes ante las dificultades.

Para los greco-romanos este símbolo evolucionará y pasará a ser la parte sólida del ser humano que le permite mantener la estabilidad cuando embisten las sensaciones y sentimientos, por lo que no se aleja demasiado de su significado primigenio.

Este ancla es tomada por el cristianismo también como símbolo de esperanza y como dijo San Pablo «En la esperanza tenemos como un áncora del alma». El áncora es tomada en el cristianismo primitivo como símbolo de salvación y esperanza. Generalmente está en posición vertical, con un delfín o un pez que representa a Jesucristo.

En Roma, la Esperanza era una joven ninfa alada, de sereno rostro, coronada de flores. Vestía de color verde, color de los frutos y flores al nacer, promesa de una cosecha; de vida. Si la esperanza alimenta el amor, suele ir acompañada del arco iris.

Es por esto que, para nosotros, la esperanza es verde.

En Grecia, la esperanza viene representada por el mito de la Caja de Pandora. Cuando Prometeo robó el fuego que portaba el dios Sol en su carro, Zeus se enfureció y ordenó los dioses crear una mujer capaz de seducir a cualquier hombre y cuyo nombre sería Pandora. Hefesto la moldeó en arcilla con formas sugerentes; Atenea la vistió con elegantes vestiduras y Hermes la dotó con el don de la seducción y la manipulación. Zeus le concedió la vida y la envió a casa de Prometeo que vivía con su hermano Epimeteo, quien a sabiendas de la posible venganza de Zeus, recibió a Pandora. Epimeteo no pudo resistirse a sus encantos, se enamoró de ella y la tomó como esposa.

Pandora poseía un ánfora que guardaba todos los males y bienes capaces de contaminar el mundo, pues hasta la fecha no existían ni la enfermedad, ni la locura, ni los vicios, ni la pobreza ni los nobles sentimientos. Pandora, curiosa, un buen día decidió abrir ese ánfora, pues desconocía su contenido. Al abrirla, todos los males se escaparon y se expandieron por todo el mundo asaltando a los humanos. Los bienes, sin embargo, subieron al Olimpo y se quedaron junto a los dioses.

Cuando Pandora se dio cuenta de esto, presa del pánico, cerró de golpe la caja, quedando la esperanza encerrada en ella. Curiosamente, la esperanza era necesaria para superar lo males que acosaban al hombre y, Pandora corrió a consolar a los hombres diciéndoles que ésta estaba a buen recaudo y que siempre podrían acudir a ella.

Viendo esto, desde nuestros más profundos orígenes, la esperanza está ligada a la fortaleza, al sustento, a la mujer, a la vida, a la naturaleza. Siendo México una sociedad con un claro acento de matriarcado, ¿no será en el fondo una sociedad esperanzada, que se resiste a sucumbir?

Le dejo al lector la respuesta.

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