Mostrando entradas con la etiqueta Paco Payán. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Paco Payán. Mostrar todas las entradas

jueves, 14 de agosto de 2014

PERIPLO


“Sólo se puede leer para iluminarse a uno mismo: no es posible encender la vida que ilumina a nadie más”

Harold Bloom

Entre susurros,  las posibilidades se abren paso con el inicio de un nuevo ciclo. Idas y venidas entre dolores, placeres, desvelos, desatinos y victorias quedan atrás, para cabalgar de nueva cuenta otro cúmulo de experiencias a contrarreloj. Sin embargo, esta noche cual topo, me resguardo en mi cápsula personal ausente del alucine perpetuo que es el Distrito Federal y aprovecho el espacio para permanecer en la intemporalidad del presente.

Por mucho tiempo consideré que beber en soledad simulaba un deporte de extrema cobardía y desdicha. Las cofradías amortiguan las caídas. Hoy, mientras contemplo una cana caer en el teclado del ordenador, acepto que envejezco y doy cuenta que todo este tiempo estuve equivocado. Beber en solitario fragmenta el pensamiento, reconcilia fantasmas, prende infiernos, resucita arrumacos e ilumina escenarios colocándote de bruces en el espejo de tus naderías y posibilidades. Medida etílica y justa para temperamentos altisonantes.

Mientras sirvo otra copa de ron para mirar el mundo a través de la pantalla, confirmo que  un clic, es la posibilidad de horrorizarte o maravillarte a cada instante. No hay vacuna hoy en día para no considerarse un voyerista profesional o lo que sea que eso signifique, bien mencionara Serna “ahora rige nuestras vidas una voluble asamblea de espectros”. Al otro lado de la acera: el “progreso”, el marketing y el ganar-ganar -eslogan perverso y de una majadería monumental- siguen haciendo de las suyas entre discursos torcidos por parte de economistas, gobernantes, y empresarios consumados en sus laureles a costa del resto.

En respuesta a incontables vejaciones sociales, donde la orfandad permea un gran número de estados anímicos, surge en mi interior esa comezón constante, moneda corriente que el grueso de la población albergamos: la esperanza. ¿Cómo concebir la esperanza en una sociedad que se despeña a cuenta gotas? Donde la actividad más simple, como el desplazarse por las ciudades se vuelve en un safari temerario día con día, sin dejar de lado, el sin fin de peripecias que experimentamos para darle un sentido a nuestra estadía por el globo.

“Esta noche no es nuestra, será oscura y falsa como todas” releo la sentencia que tuvo a bien tatuar Fadanelli en un ejemplar que conservo en el librero y la memoria, producto de aquella noche en una pulquería de insurgentes. Sin titubear regreso de nueva cuenta a ese conjunto de ensayos  que dan vida a El idealista y el perro. Trabajo que invita  a desmenuzar nuestra contemporaneidad, atrapados en una sociedad caracterizada por la gente que no piensa por sí misma, recargada en ese gran espacio común: primero la cago, ya después veo. Rebeldía y reflexión como propósitos de la literatura, son puntos donde podemos aparcar infinidad de lectores para hacerle frente a la cotidianidad que nos incendia. Al menos algo de eco podemos encontrar en nuestras lecturas.

Al caminar sus páginas me queda claro que podemos y debemos hacer uso de la  conversación para edificar a través de la discusión de ideas y dudas nuevos horizontes, es decir, crear una casa dentro de otra casa, en  palabras del autor “eso sería una  liberación”. La columna vertebral de estos ensayos no es la de convertirse en un profeta de su tiempo, más bien, son dardos lacerantes producto  del disciplinado arte de observar lo cotidiano para darle forma a una opinión digna de tomar en cuenta.

“En la actualidad no necesitamos más escritores, sino un regimiento de buenos lectores que luchen contra su propia brutalidad e ignorancia” menciona en un apartado. La estimulación de la imaginación por medio de la lectura ordena el pensamiento, Pessoa dice que uno escribe para hacer real la vida porque la vida cotidiana es tan compleja, tan injusta que parecería que somos una alucinación. Sugerir un camino, considero,  es la forma más noble de mostrarnos la complejidad  del abanico de situaciones a las que nos enfrentamos a diario y de esto va el libro, de abrir nuevas brechas para darle otros matices a nuestra experiencia allá afuera. Los líderes y su ánimo religioso propio de algunas personas me causan gran perturbación, porque no podemos depender de una persona y de sus humores para trazarnos un camino, ya suficiente tenemos con la vastedad de intrépidos vaqueros que sacan provecho del arreo de las manadas indefensas.

El instinto y el vagar sin puerto aparente,  son las bases en las que se  solidifica este compendio de minuciosos ensayos que van desde una inmersión a la costumbre, el fanatismo deportivo, paseo en fondas, el placer, la soltería, las mujeres, la brevedad de la vida, la pedantería entre otros puntos de interés para la retina que podemos encontrar mientras habitamos sus páginas. Leer la opinión de este paladín del pesimismo, es un ejercicio recalcitrante que nos abre la posibilidad de encontrar otros mundos y otras voces para dar inicio a una de las batallas más temerarias de nuestros días: la de ofrecernos una esperanza no como actitud sino como una pulsión íntima a partir del conocimiento y la generación de una opinión propia de las cosas y si acaso vivenciar la comprensión de uno mismo y del género humano.

La experiencia literaria es, en mi opinión, uno de los medios de conocimiento más profundos que tiene el hombre en sus manos, una experiencia en la actualidad cada vez más despreciada.

Guillermo Fadanelli

jueves, 27 de marzo de 2014

LATITUDES


"La vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo, el ensayo de un camino, el boceto de un sendero."

Hermann Hesse

    Navegar la vastedad cotidiana con la impronta de un desagraviado o la “convicción” pueril del arquitecto de nuestras vidas, son polos donde aparcamos constantemente, oscilando entre cúmulos de decisiones y un sinfín de situaciones fuera de nuestro alcance. Sin embargo, en la multiplicidad de posibilidades que el transcurrir nos arroja, los accidentes hacen acto de presencia y se nos presentan como descalabros donde podemos medir el termómetro de nuestra existencia.

Si bien podemos atribuirle a una colisión entre autos, trenes, aviones, resbalones en la ducha, atropellamientos, ser madreados por algún salvaje o borracheras que traen consigo hijos no deseados como accidentes categóricos; también nos encontramos a diario -sin notarlo- con el reflejo de nuestros actos, cuestionando tras bambalinas  si nuestro peregrinar es mero producto de la casualidad o una proteica “actitud” a la Miguel Ángel Cornejo. Así como el distrito federal es la imposibilidad de llegar siempre a tiempo, desde mi actual circunstancia, confirmo que el amor es la ausencia que nos coloca en el lugar donde estamos actualmente. Vivenciamos batallas perdidas desde el inicio.

Frente a Hipotermia percibo ese halo accidentado al interior de sus cuentos. Álvaro Enrigue nos lleva por desplazamientos geográficos al puro ritmo existencial mediante un vaivén bastante emotivo y gratificante, que va desde afrentas con los hijos hasta el intercambio de fluidos corporales en un carnaval de placeres al final de la lectura en “Retorno a la ciudad del ligue”. En sus páginas encuentro una renovada forma de llevar la escritura a la experiencia autoficcional en todas sus aristas. Mediante relatos cortos aparentemente inconexos, el discurso va tejiendo escenarios donde la constante es el desasosiego en sus personajes, aderezado con la incomprensión cabal de sus destinos.

Ser extranjero en tierra de nadie, resulta ser espacio común para quien o quienes nos encontramos lejos del terruño, tal como lo manejan éstas breves líneas “No somos un imperio, ni una república, ni una monarquía ni nada: cada quien para su santo porque nadie quiere pertenecer al mundo de las segundas oportunidades. Somos lo que se escurrió por las rendijas de la historia, una pura ambición sin compromisos ulteriores, un amasijo de piratas. Somos gringos y nos urge una terapia nacional. No se ría. Piénselo como una oportunidad de negocio y verá que tengo razón.”

Hipotermia parte de la idea de estar y no estar en el presente categórico. Comezón perpetua de la insatisfacción. En “Saliva” por ejemplo: un oficinista venido a más derivado de montar a la esposa de un superior, dialoga cerca de un año después con quien fuera su camarada de oficina en el comedor de la empresa, narrando al compinche su travesía en el cochambroso escalafón. “…es un mensaje que se pasa con saliva, contestó. Y te puso de hinojos, completó Malik levantándose de la mesa, y abrió tu boca y dejó caer sobre tu lengua una gota de sus aguas sagradas. Es una forma lírica de ponerlo. El Sirilanqués miró el reloj y dijo: No me tengo que ir, pero de verdad no quiero escuchar más.”

El libro se desdobla en la incomodidad de la vida, el desarraigo, la no pertenencia. Los personajes no conciben estar en paz con las  condiciones de vida que exige nuestra actualidad postmoderna. La sensación de hastío, de no estar en el lugar correcto es casi claustrofóbica. Los cuentos de este compendio frecuentemente tienen al padre y al hijo como protagonistas de las historia, como ocurre en “La pluma de dumbo” cuando el hijo dinamita al padre con un intercambio de verdades instalándolo a fumar como energúmeno sentado en la tasa del baño, o  en “Ultraje” al narrar la metamorfosis de un camión recolector de basura en un barco pirata, producto de una foto del National Geographic encontrada dentro de una bolsa. Este último un cuentazo por donde se le vea.

Pasando por un electricista fracasado que se deleita espiando tras la ventana el edificio de enfrente, el cual, es sorprendido por la voz al interior del baño de un restorán en “Inodoro”. Cuentos en verdad desoladores como en “Salida de la ciudad de los suicidas” donde un cocinero es invitado a un concurso gastronómico en Lima convirtiendo la experiencia en una bitácora de viaje bastante tristona y elocuente. En el apartado de grandes finales encontramos a Tuone Odina el último de los dálmatas que es rescatado para vivir en un museo en “Extinción del dálmata” y a Ishi un indio que nunca desenmascara su nombre, él simplemente es un hombre en “Sobre la muerte del autor”. Darnos un viaje por la literatura contemporánea Mexicana, es encontrar a Enrigue por mero accidente cotidiano o curiosidad entre los estantes de la librería y disfrutar del panorama que nos ofrece con la exquisitez de su trabajo.

"Es algo que hacía desde niño: pretender que tengo una vida secreta a la que nadie se puede asomar. Estoy como un ciego que sale en la Biblia: aunque se curó de la vista tenía que fingir que no veía nada porque Jesucristo en persona se lo ordenó."


Álvaro Enrigue


lunes, 13 de enero de 2014

DIARIO DE UN LOCO


"Hay quienes sostienen que la literatura tiene una gran influencia sobre la revolución. En cuanto a mí, lo dudo. La literatura es a fin de cuentas un producto del ocio que expresa la cultura de una nación."

Lu Hsun

        Hablar de literatura y locura es como sentarse en una buhardilla, mientras se contemplan infinidad de gatos relamiéndose los bigotes para internarse en las profundidades de la noche. Genialidad aderezada con creatividad y trastornos de la psique, dan como resultado joyas literarias que cimbran nuestros actos “Esta noche hay una luna bellísima. Desde hace treinta años no la veía, de modo que me siento especialmente feliz. Empiezo a comprender que desde hace treinta años he vivido en el vacío; pero ahora debo ponerme en guardia. ¿Por qué me habría mirado dos veces el perro de la familia Chao? Tengo razón en temer”.

Lu Hsun abre el telón con “Diario de un loco” en traducción de Sergio Pitol. El personaje oscila entre delirios persecutorios, el pasado podrido, y un futuro falto de esperanza- moneda corriente en la actualidad- en una aldea donde sus habitantes se hallan convertidos en caníbales para su perspectiva. Sin embargo, no deja de llamar la atención la forma en que el protagonista vivencia los escenarios a través de profundas reflexiones empapadas de sabiduría, enredado en una sociedad que lo derrumba con el peso de los días – el mundo se convierte en una figuración de la locura- menciona Pitol. Está de más decir que nos encontramos frente a un cuento aterrador y aleccionador.

Lu Hsun fue uno de los primeros escritores que tiró por la borda el lenguaje tradicional y volcó sus pensamientos en pai – jua, es decir, la transcripción ideográfica del idioma hablado que permea la totalidad de su narrativa. El autor apunta en su trabajo esa contraparte intrínseca que aguarda el momento justo  para dinamitar lo que nos rodea, la sombra que nos habita. Discursos nutridos de una ironía finísima, reafirman que somos o podemos llegar a ser algo más que el plasma alienado socialmente establecido. La certeza de la locura en diversas ocasiones nos brinda tranquilidad, pues la humanidad funciona en tonos grises y perversos, cuestión de perceptiva y preceptiva.

“La verdadera historia de Ah Q” el relato largo de este compendio; nos devela un personaje ignorante, vagabundo, ladronzuelo de ocasión y etílicamente incorrecto que intuye de forma oblicua las injusticias sociales a las que  es sometido dentro de la masa amorfa en que se tornan las sociedades de todos los tiempos y reflejo actual de los farsantes que padrotean el mundo. Texto plagado de múltiples aristas sobre las cuales Hsun concatena reflexiones en los apartados del mismo “El problema de la existencia” cuando Ah Q es exiliado del pueblo por intentar probar la dicha de la carne, “La tragedia del amor” para aquellos que gusten de la incomprensión del mundo femenino, “Renacimiento y decadencia” ante una muchedumbre presa del morbo a su regreso a la aldea. Un pasaje de significación magnífica que en diversas opiniones lo han llegado a comparar con las aventuras Quijotescas.

Y finalmente “La lámpara eterna” nos lleva a una pequeña aldea donde el simbolismo depositado en la llama que encendían los latifundistas al interior de las pagodas debía ser venerada por generaciones para perpetuar su nombre a través del tiempo. La llama se traduce como símbolo de poder, y cuidado de aquel que trate de poner fin a la tradición, lo que se traduce en la cofradía de algunos habitantes para impedir que el protagonista consiga llevar a cabo su cometido, mientras éste de pie frente al portón del templo espera el momento idóneo para poner fin a la devoción de los aldeanos –de acuerdo a su “descolocado” pensamiento- para exterminar los infortunios y las enfermedades imperantes. Sin temor a equivocarme considero que este último cuento deja un interesante testimonio: caminamos entre arenas movedizas.

Lu Hsun fue para su tiempo un satírico que espetaba contra la injusticia y la miseria de un pueblo, amante de Gogol y los rusos; cabe mencionar que no fue un escritor de renombre, pero su pensamiento y personajes han sobrevivido a lo largo de lunas y soles, iluminando nuestra búsqueda constante en un mundo en el que cohabitamos entre disparates y equívocos constantes.

“¿Cómo voy a poder, después de cuatro mil años de canibalismo (antes en verdad no lo advertía), encontrar a un hombre verdadero? Tal vez sea posible encontrar aún niños que no hayan probado la carne humana. ¡Salvad a los niños!"

Lu Hsun



jueves, 7 de noviembre de 2013

LA TRAGEDIA DE LAS PASIONES


         El desorden y el dolor que podemos llegar a expresar son necesarios, ya que colocan en entredicho las aristas del pensamiento. Los recuerdos, miedos y pasiones ocultas que llevamos en los bolsillos por las esquinas de la vida, son la sombra de la muerte que nos cobija y camina a nuestro lado directo al abismo. Todos tenemos un destino trágico que nos habita en silencio, el tiempo hará su parte, mientras hurgamos allí y allá buscando algún sentido a nuestros latidos. La muerte es el anuncio constante de que vivimos sólo porque algún día moriremos. Sin embargo, a sabiendas  de la brevedad de la vida, quedan impresos en la literatura y nuestra memoria personajes ecuménicos que enfrentan destinos trágicos y encomiables.

Thomas Mann nos regala en “La muerte en Venecia” pese a su brevedad, una historia abotargada de complejidad y profundidad exquisita; vasta en construcciones simbólicas y ecos del más allá. Durante el recorrido de sus páginas  Von Aschenbach –escritor de renombre- va desmembrando el arrebato de que es presa en sus días de descanso en la ciudad de las góndolas, producto de la juvenil figura de un infante Polaco. El protagonista se ve envuelto en una lucha constante entre la pasión que genera el joven Tadrio, contra la razón y disciplina moral que el escritor ha llevado sobre sus hombros a lo largo de su vida, “el deseo se engendra por el conocimiento defectuoso”. El relato se percibe como un diario de muerte que es vida y renuncia, donde las pasiones desbordadas cohabitan en el protagonista dinamitando las murallas moralinas y de estoicismo con las que  ha forjado su trabajo para llegar a ser una figura reconocida en el medio literario.

Un panorama oscuro y violento dentro de una Venecia pestilente y melancólica, que tiene que ver tanto con el alma de Aschenbach como con la experiencia común de la raza humana. La prohibición de los deseos y las pasiones humanas carburados en la imaginación de los individuos no deben poner en peligro al rebaño, pues es la idea misma de civilización. Plagada de simbolismos; la obra se presta a diferentes interpretaciones que varían en función del lector y de los tiempos que corren. Más allá de tomarlo como una manifestación con tendencias homosexuales –que dejo de lado-, no deja de atraparme el entramado con el que Mann aborda temas complejísimos de la naturaleza humana: belleza-decadencia, pasión-abnegación, juventud-vejez, el viaje-sedentarismo, siempre contradictorios, y en espera de aparecer en la otredad que nos habita.

Su lectura invita a la conversación íntima, donde la muerte abandona las páginas y se instala a nuestro lado acompañando nuestro tránsito permanente por el mundo de forma amable e inteligente. Además de ser un relato magnífico acerca de la muerte, la pasión, la belleza y decadencia, el libro es por mucho una alegoría filosófica cuando Aschenbach se ve transformado en Sócrates e inicia una disertación con Fedro sobre la belleza y el amor. Al recorrer sus páginas me queda claro que las tragedias llegarán como único destino verdadero. Mann nos sumerge en un mundo que se derrumba ante nuestros ojos en la vastedad del horizonte, resultado de esa presencia que nos toma por sorpresa cuando más fuertes nos sentimos, la vida misma.

“Las masas burguesas se regocijan con las figuras acabadas, sin vacilaciones espirituales; pero la juventud apasionada e iconoclasta se siente atraída por lo problemático”



sábado, 20 de abril de 2013

LAS CURVAS Y EL DESENCANTO


La vanidad ayuda a existir a quien, en esencia, no es nadie.
-Guillermo Fadanelli-.

               El mundo femenino es un tapiz plagado de infinidad de encantos, abismos, trampas y múltiples aristas que invitan al paseante al arrojo, perdiéndolo en el  laberinto de sus rutas. Pasamos de lo abstracto a lo concreto y de lo concreto a lo genérico, de la mujer a una mujer y de una mujer a las mujeres. Ya decía Unamuno: el amor precede al conocimiento, y éste mata a aquel.

Adentrarse en los bosques con faldas es una aventura de la cual salimos irremediablemente amputados por algún lugar. Dedos, brazos, orejas van quedando desperdigados en el transcurrir. Ser adulto significa haber perdido algo; de lo contrario estaríamos hurgando en círculos hasta el infinito, sin atrevernos a cruzar ese campo minado llamado mujeres que seduce como pocos. Sin embargo, cuando el  desencanto – ese incómodo inquilino- asoma la cresta, no hay más remedio que patear el balde de los recuerdos carnales para aliviar de apoco la zozobra que nos cobija, aparcados en estados que llegan a rallar en la locura y el esperpento. Sin titubear creo y me atrevo a decir que todos llevamos escondida bajo el sombrero nuestra lista de perplejidades y desprecios.

“Hay una infeliz durmiendo plácidamente en mi recámara. No se trata de una extraña, sino de una mujer que ha vivido conmigo los dos últimos años de mi vida. No me sorprende, por supuesto que no. Así como a otros les parece agradable el ver cómo una vaca se va poniendo gorda o cómo a un árbol le van naciendo manzanas, a mí me seduce el ver de qué forma se lo va llevando todo la chingada”. Así da inicio hojuelas sobre la cama, relato inicial de ese abanico que lleva por nombre “Más alemán que Hitler” de Guillermo Fadanelli. Cuentos que punzan y ladran  por sí mismos, donde el ejercicio arrebatado, desenfadado y sutil por parte del autor nos devela ese repudio/deseo antagónico necesario que son las féminas para cada una de las historias y personajes que habitan sus páginas; envueltos desde luego, en ese halo de descontento y desdicha que suele ser en ocasiones la vida en pareja.  Un manual para principiantes y doctos en el tema.

Seguido por “Muebles, de un lugar a otro”: actividades cotidianas que pesan como una losa y caen en el hartazgo de quien observa a Tania empecinada moviendo de aquí para allá el paisaje de la sala –según ella, para evitar la monotonía-. El protagonista la interrumpe de tajo al ritmo de límite y tragos que terminan por enviarla a la lona, para que éste le propine lo que se merece durante un par de horas en la cama tratándola como vil objeto. Acto seguido regresa a la sala para quebrar uno de sus cuadros favoritos con la consigna de que a la mañana siguiente producto de la resaca y confusión Tania quede rendida a sus pies nuevamente y deje de seguir insistiendo en sus inútiles cambios.

Por otro lado La virgen de la buena leche nos instala en el cuarto de una puta a la que  frecuenta constantemente su cliente acompañado por su perro. Un cuadro de una fotografía de Araceli a los 10 años  con dedicatoria de un reconocido poeta “Las putas también nos vamos al cielo, sólo que no una vez, nos vamos todas la noches” maravilla al visitante mientras la robusta Araceli está prendada de su miembro a lengüetazos compartidos con el perro. Finiquitado el asunto hurga entre sus bolsillos y deja algunos billetes arrugados no sin antes decirle “Gracias mujer, te vas a ir al cielo”.

Fadanelli apunta en estos catorce relatos que los persignados y cobardes suelen vivir ignorando esa otredad que llevamos dentro y que se puede dinamitar en cualquier momento tomando como anomalía  necesaria una opinión o acción descabellada a una “normalidad” institucionalizada. La atmósfera del libro es la desesperanza, el repudio y la incomprensión del mundo femenino como sucede en Más alemán que Hitler segundo relato que lleva el título final del compendio donde el personaje ante la imposibilidad de entender cuando Irene reflexiona en voz alta decide omitir sus opiniones sobre ella “Si Irene habla demasiado es porque tiene miedo de los treinta y siete años recién cumplidos” “las mujeres le ofrecen cuentas al espejo no a los hombres” y así termina en el asiento giratorio de una barra tras la confesión Irenesca en la que había estado esa misma tarde follando con alguien que no volvería a ver jamás, el personaje reflexiona en el bar sobre lo sucedido: “mi mujer era más mía que nunca, y ese día, ayer apenas, el más feliz de mi vida”.

Darse la vuelta en la literatura de Fadanelli es una inmersión que si bien puede molestar a algunos (as), no deja de ser un manjar para esos días en los que la sombra del desencanto nos lleva por recovecos incendiarios. La medicina y el remedio pueden explotar en carcajadas mientras la lectura avanza ¿denunciando? ¿Denigrando? No lo sé, pero sí dejando constancia de ese hilo finísimo del que  pendemos día tras día en nuestro contacto con el mundo de las “damas” que tanto molestaba a Schopenhauer. Ganchos con los que el lector debe enfrentarse, sacar sus conclusiones y estar atentos porque de lo contrario corremos el riesgo de anularnos a nosotros mismos.

 “Una extraña manía me acosa en los últimos tiempos y es la de pensar  que todas las mujeres ocultan algo muy grave y que por lo tanto es mejor no averiguar ni molestarlas con preguntas. Creo que ningún secreto masculino vale lo que uno femenino porque si este último pudiera ser develado el mundo interrumpiría su marcha”.


lunes, 18 de marzo de 2013

EL TREN DE LOS DÍAS


"Los libros van siendo el único lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo."
Julio Cortázar.

               Convencido estoy de que a los instantes iluminadores en este periplo llamado vida he llegado de forma circunstancial, a tientas, oscilando entre el sueño, la vigilia o recurrentemente trastabillando como un ebrio echado de un bar, buscando una buhardilla para tratar de comprender mis actos y si acaso el mundo. Creo de igual forma, que el ir y venir de los días es un antifaz que recubre de forma oblicua lo esencial en las cosas. Somos una errata en cada trecho recorrido. Mientras los rebaños de gente van y vienen allá arriba, me traslado en el gusano naranja. En el subsuelo, la cotidianidad late ferozmente: grita, reclama, discute, se fajonea, se pitorrea, hace de las suyas, regalando un panorama carnavalesco y disímil digno de una alegoría lyncheana.

Rumbo a la estación chabacano recuerdo aquella tarde soleada caminando con un amigo ciertos callejones en la ciudad de las flores. ¡Mira, ahí vive el Pitol! Tenía una ligera sospecha de quién era, pues en algún anaquel de la rueca de Gandhi alcancé a leer su nombre por aquellos años preparatorianos, mas no me había aventurado en su prosa –de manufactura sublime, decía mi acompañante- que años más tarde acabaría por ser referente y compañero en esos momentos de claridad que conservo en la memoria, los cuales, a través del nomadismo en sus letras producto de ese incesante ir y venir por el globo, la sesuda reflexión literaria plagada de referencias, escenarios, excentricidades y ese amor por el lenguaje me han develado ese otro andamiaje que habita en nuestro interior tras la mirada; ese que está ahí entre rastros de sueños que escapan como mariposas durante el día y han hecho que habite el mundo en múltiples instantes desde otras latitudes.

Acercarme a los libros de Sergio Pitol ha sido un viaje riquísimo entre infinidad de paisajes, ciudades, personajes disparatados, relatos brillantísimos y alucinantes que dejan en entredicho que el escritor fabrica a manera de alquimista perdiéndose en una utopía privada el laboratorio de lo posible;  donde la dedicación literaria, los sueños, angustias, imaginación y parodia confeccionan una realidad alterna que llevamos en los bolsillos por las esquinas de la vida y finalmente se nos revelan en una  literatura rica y estimulante. El lector debe ser un buen conversador, de lo contrario, el resultado será una colisión estrepitosa que nos dejará babeando en la banqueta más confundidos que al inicio de nuestras lecturas.

Un paciente – el propio Pitol- hundido y perdido en sus laberintos llega al consultorio del doctor Federico Pérez  para desterrar su relación con el tabaquismo por medio de la hipnosis.  Durante el trance el personaje llega a un intricado de imágenes desordenadas resbalando directito a una encrucijada  que lleva guardada hace más de cincuenta años – la imagen de su madre ahogada a la orilla de una poza-.  Encara la pesadilla y explota en llanto producto de los infiernos no extintos. Recorremos los días con una losa invisible y pesadísima en la espalda; evitando con sigilo que los dolores del pasado vuelvan a cachetearnos en otros momentos, en otras personas, en otras caricias. Somos camaleones por antonomasia. Vindicación de la hipnosis, sin duda, me dejó perplejo aquella tarde en mi habitación. Descolocado, salí a conseguir más libros del Mago de Viena. Cuerpo presente y Victorio Ferri me deslumbraron de igual forma en ese   infierno de todos horneado durante su exilio en Tepoztlán. El desfile del amor y la vida conyugal favoritos de ese tríptico “El carnaval”. A partir de ese momento supe que siempre regresaría a sus libros y conocería con el tiempo a Chéjov, Gógol, Nabokov, Gombrowitz, Conrad, pintura y personajes de la cultura mexicana que compartieron años fructíferos con el premio cervantes.

El arte de la fuga –me aventuro a decir- en sus cuatro apartados: memoria, escritura, lectura y final  es un libro iluminador donde el autor va concatenando uno a uno los elementos del rompecabezas personal consolidando una pieza de orfebrería producto del viaje, la crónica, los sueños,  memorias, instantes y un amplio bagaje  de afirmaciones y contradicciones mediante un estilo refinado y concienzudo. Sin duda, es el recordatorio de un hombre que se encuentra en paz con su propia historia: “este libro es en cierta manera una recopilación de desagravios y lamentaciones, un intento de apaciguar desasosiegos y cauterizar heridas”. Invito al curioso a internarse en estas aguas y dejarse llevar por el oleaje. Es posible que despierte en un puerto seguro.

A un año de distancia en que decidí quemar las naves para dirigirme de bruces a una ciudad que ignora mi presencia, escribo -rodeado de algunos ejemplares firmados aquella mañana en la que compartí un café con el personaje/escritor- tratando de hilvanar lo que llevo guardado en mi mochila de viajes, la cual, se va llenando de con el paso de soles y lunas de música, lecturas, descubrimientos, perplejidades, desatinos y casualidades que van regresado a mi vida de forma muy misteriosa para regalarme mañanas de inmensa alegría, confirmando una vez más que todo está en todas las cosas.

“Escribir me parece un sinónimo del acto de tejer y destejer algunos hilos narrativos arduamente trenzados; los finales por lo general quedan abiertos, será el lector quien trate de cerrarlos, de resolver el misterio planteado, de elegir algunas de las opciones sugeridas; el sueño, el delirio y la vigilia se confunden…, lo demás son palabras”.


domingo, 10 de febrero de 2013

ATRAPADOS


     La idea de utopía halla a su gemelo malvado en la distopía o anti-utopía, es decir, una sociedad donde la realidad transcurre en términos totalmente opuestos al sueño ideal y en donde las situaciones totalitarias más ruines tienen cabida como moneda corriente para el control de una masa. Dentro de la novela anti-utópica nos pueden servir como referentes ese par de oráculos (por mencionar los más socorridos) 1984 de George Orwell (1903-1950) y Un mundo feliz de Aldous Huxley (1894-1963).

A través de su  narrativa podemos asomarnos a una visión desoladora en donde la manipulación del individuo, la deshumanización del sistema, los excesos de la ciencia, la vigilancia constante, el consumismo desmedido como premisas básicas nos llevan de la mano a  una aniquilación de toda posibilidad de estadía en un mundo armónico. Cada uno hace uso de paradigmas distintos para aplicar sus fundamentos teóricos; por ejemplo: Orwell hace énfasis en los abusos de los adelantos científicos como previo aviso de la amenaza del progreso sin mesura que nos lleva a formar autómatas carentes de principios morales, es decir, bajo esta dinámica nos muestra cómo se puede ir degenerando una sociedad en pro de una utilización del progreso y la ciencia sin reparos.

Por otro lado Huxley nos muestra con su crítica de extrema dureza a través de sus páginas la preocupación constante por la pérdida de los valores familiares (tan en boga hoy día), la tradición cultural y  la religión, sin embargo, Huxley no deja de lado la esperanza de una sociedad que despierte de los efectos opiáceos de la tiranía y sea consciente  de ese peligro; generando como resultado nuevas rutas  sociales en pro de una armonía colectiva para cada uno de los que cohabitamos el globo.

Ambas críticas poseen una doble dimensión de atemporalidad y de universalidad, pues lo que plantean afecta a cualquier tipo de hombre que viva en cualquier tipo de sociedad. Son novelas que punzan a cada instante pues asemejan espejos en los cuales nos vemos reflejados diariamente, invitando al escrutinio personal y formar juicios severos sobre estas formas de vida “distópica” que están ya no en sus páginas, más bien, están insertas y  rebasadas por nuestra cotidianidad  dando la sensación de estar atrapados en un desaliento constante hacia cualquier punto donde elevemos la mirada. ¿Realidad o ficción? Invito a lector a que dé un viaje trepidante por estas páginas analizando y haciendo crítica constructiva que buena falta hace en estos tiempos que corren obteniendo así sus propias conclusiones.
"La libertad consiste en afirmar sin limitaciones que dos más dos suman cuatro. Si se admite esto, lo demás vendrá por añadidura."
Winston Smith, 1984 George Orwell.

Paco Payán. Licenciado en Administración de profesión. Lleva un blog personal y colabora en otro alterno. Dibuja y toma fotos de vez en cuando, se recarga en la literatura, el cine y esas cosas denominadas “no productivas” cuando no alcanza a comprender el mundo en el que vive.