jueves, 18 de julio de 2013

DEL CIELO DE LOS INMORTALES Y OTROS CUENTOS DEL INFRAMUNDO...


"La muerte es algo terrible en aquellos 
para quienes con la vida se extingue todo, 
pero no lo es para los que no pueden morir 
en la estima de los hombres"

Cicerón - [Paradoxa 18]

           La idea o noción de inmortalidad, se construye e interpreta de diferentes formas a lo largo de la historia. Muchas veces la cuestión no se encuentra explicita en el desarrollo del pensamiento universal, pero he aquí, que leyendo entre líneas aparece clara y precisa en varias disertaciones. En una parte importante de la obra filosófica de María Zambrano, podemos asir o sentir con sutilidad la esencia de tal representación: el camino hacia la inmortalidad en el Ser, comienza en el despertar del hombre a un sueño creador. El Ser en animales y naturaleza, refiere o cumple su función sin un pleno uso de conciencia o un mínimo de reflexión sobre su propósito. En cambio, el Ser en la humanidad oscila entre una cuestión múltiple de voluntad, trascendencia y exigencia de razón poética ante el inmenso horizonte de su libertad (de ahí la metáfora del sueño complementando a la conciencia). Bajo esta visión, la historia humana es entonces, un ciclo de nacimiento y muerte (con todo lo que conlleva y hay enmedio de estos dos conceptos) por lograr que nuestro Ser renazca en los puntos trágicos de la vida, se sobreponga a la angustia de su liberación y explote todo el potencial. Es mudar de piel de manera perentoria a través del espacio-tiempo (pues con la muerte física no acaba el ciclo), y descubrirse en la inmortalidad de todo aquello que define y contiene en los hombres.

Vemos así en este ejemplo que la idea abordada, es también la lucha contra la pura supervivencia, contra lo incivilizado o involutivo, y contra la simple ausencia de directrices. No solo es la superación de un estado instintivo, es también la forja de un destino o la consecución de otro mejor. Empero, la noción debe entenderse mas como consecuencia y no como un lugar al cual llegar (misma situación con la felicidad, para infortunio de los optimistas). No hay un manual de la inmortalidad, así como no lo hay para la alegría eterna. Tanto en el plano metafísico como en el conflicto por ser recordado y soslayar el olvido (ver DISTOPÍA No. 4 http://distopiasensacionaldecultura.blogspot.mx/search/label/El%20Olvido) el asunto trata sobre perdurar o vivir de alguna u otra forma, ya sea en la memoria colectiva o en la transmutación del alma (reencarnación), indefinidamente.

Sin embargo, no todos estamos llamados a entrar a ese cielo, ya que la mayoría de las veces es producto y contingencia de una coyuntura clave en la historia, o dicho de otra forma... se exige un sacrificio (en la mitología los héroes no lo son porque si). La hazaña o proeza es un acto desinteresado, desesperado en un sentido de acuciante necesidad y finalmente amargo. La verdadera epopeya es una lección didáctica de valentía (u otros tipos de virtud) frente a un momento difícil en el cual se jugaba el todo por el todo para mantener con vida un pueblo, un ideal o sencillamente por evitar que un mal mayor se extendiera. Los inmortales tuvieron que pagar un precio alto a cambio de la salvación de sus congéneres mortales. Es por ello, que su antítesis o enemigo, muchas veces pierde su nombre y es prohibido o borrado (o negado como a Lucifer) de las narraciones posteriores a la gesta heroica (queda lo innombrable para no dar alguna posibilidad de que a futuro otros traten de imitarlo o formen un culto). En contraparte, la proeza se mitifica y representa infinitum con el fin de reproducirla en posteriores situaciones de fatalidad e inspire a otros a trascender.

Vemos por consiguiente, que la condición de inmortalidad no se elige voluntariamente, ni se audiciona para ella, los Dioses tampoco mandan la invitación (no cae del cielo y mucho menos a cualquiera), y si bien podemos identificar elementos incidentales y espontaneaos (y a veces fortuitos), lo inmortal solo se alcanza mediante cierta entereza de carácter y pureza de intención (de ahí se explica precisamente lo casual y natural aunque más bien se trata de honestidad). De esas actitudes tan humanas se llega a lo divino, del temor inicial y la duda interior, al servicio de algo más grande que la vida misma (personal o espiritual o sin remitente pues a veces solo existe el sentimiento). Es así en la actividad creadora lo que nos convierte en Dioses: una obra inmortal y de ahí el nombre en letras de oro. Caso contrario en las religiones monoteístas (no todas), la inmortalidad como zanahoria a cambio de buen comportamiento. Sobre esto, el escritor Gerhard Herm apunta: “La religión es, entre otras cosas, un medio para que la gente se resigne al hecho de que algún día ha de morir, ya sea prometiéndole que tendrá una vida mejor después de la muerte, que renacerá, o ambas cosas.”

Es así que en la fe, lo corpóreo perece pero nuestra alma persiste con los valores ganados en vida. La visión platónica de la inmortalidad del alma no pudo encajar mejor con el judaismo, cristianismo e Islam, dando así (a una buena parte del mundo) un placebo ante el trance de la muerte. En el caso de las doctrinas reencarnacioncitas como el hinduismo, budismo, taoísmo y otras similares de antiguas civilizaciones, es el karma lo que le da cierto sentido al ciclo de la rueda de la vida: inmortalidad a partir de la redención. En todos los casos posibles (credos, mitos, contingencia histórica, ambición de superar a los coetáneos y otros) podemos inferir la obsesión por la inmortalidad, por vencer a la nada. Es un camino a la iluminación tanto como lo puede ser hacia la locura, y al final, quedan siempre los enigmas de lo oculto y esotérico: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día” - Jesucristo... ¿Parábola, verdad o conocimiento cifrado gnóstico solo para iniciados? He ahí otra línea de investigación a seguir que se pierde en la noche de los tiempos. Sería interesante saber que hay detrás de esa criptica sentencia, pues hasta ahora lo único palpable que ha perdurado de nosotros (y perdurara por siempre como rasgo inmortal) es nuestra simple y llana estupidez. 



BLUE NOTE PERFECT TAKES – V.A. (2005)


“I come up with concepts for albums
or how well musicians are playing.
I'm there to capture the music
at the time it's being created.”

- Rudy Van Gelder.

           Muchos dirán que no se puede ir por el camino haciendo historia sin forjarse de tantos partidarios como críticos. En el caso de Rudy Van Gelder, resulta más que indiscutible… Acreditado ya como uno de los ingenieros más importantes de la escena musical, especialmente en el Jazz, ha tenido tantos seguidores como censores de su estilo. Su sonido, lejos de la pureza técnica más buscada (y rebuscada) por los ingenieros habituales de su época, se adentraba más en la atmosfera –la esencia– de lo que se iba creando bajo el entorno en que un grupo de músicos se disponían a interpretar como arte propio.

Instaurado naturalmente en el Jazz; género cuya ideología es la de un taller de cooperación global, Van Gelder se interesó desde los albores de su carrera por todos los procesos en la composición de una canción; desde la ingeniería misma del sonido hasta la creación artística de la propia composición. Su estilo se enmarca, pues, en el conocimiento más detallista de los artilugios técnicos con lo cual se habría de grabar; asunto que le compete desde la infancia como amante de las radios de onda corta, hasta los breves pero importantes conocimientos musicales (tomó por algún tiempo lecciones de trompeta). Sus formas y fondos, bajo un ortodoxo planteamiento en el tratamiento de la grabación; primordial objeto de ataque por parte de sus oponentes, fueron evolucionando desde su primer estudio en la casa de sus padres hasta los grandes foros de grabación sin perder nunca la frescura y honestidad de ese pequeño espacio que llamará la atención de diversas firmas especializadas.

La reverberancia y el peculiar sonido con que hacía sonar los instrumentos (sobre todo el piano) en sus grabaciones, revolucionaron parte de la industria. Marcaron tanto progreso como una que otra incomodidad –o temor– por parte de colegas, directivos y músicos que le tacharon de insurrecto; tal es el caso de Charles Mingus. No obstante, el paso de la historia ha puesto en su justo sitio cada objeto de crítica y hoy día, a las alturas de un presente donde el Jazz es uno de los géneros más refinados del orbe, cualquier disco que haya pasado por las manos y mente de Rudy Van Gelder se vende en ediciones especiales que coleccionistas buscan de manera recelosa, pues al igual que los músicos ejecutantes, su nombre aparece en portada y ello lo encasilla como algo especial… Un extra que no está de más; para nada un sobrante de calidad sino una disposición cuyo acento contiene garbo y desenvoltura.

Músicos de la talla de John Coltrane, Miles Davis, Freddie Hubbard, Bud Powell, Kenny Clarke, Charlie Parker, Stan Getz y un largo etcétera fueron grabados y en parte estilizados por él. Y a pesar de que trabajo en diversas y distintas disqueras, fue con la Blue Note con la que obtuvo la mejor respuesta para ofrecer lo mejor de su legado; la que mejor lo abrazó para entregarnos conjuntamente su notable y sumamente importante herencia.

Y es, pues, la propia Blue Note la que le rinde tributo y honor en el 2005 pidiéndole la difícil selección que conjunta este álbum. Un disco que compila lo que en propias palabras del “autor” son las tomas perfectas, o más perfectibles, que grabó durante toda su carrera. No significa esto un viaje por la historia del jazz, sino un pequeño retablo al alma de una grabación ocupada por algunos de los nombres más importantes en la tradición del género. Un álbum que recopila, hace vibrar y enseña a mirar por los oídos y escuchar por la piel en todo lo que respecta al arte del Jazz. Una prueba de gala, tono y festejo de un hombre y sus hombres que resumen simplemente su inmortalidad.


Tracklist.

I.- Four In One – Thelonius Monk (3.32)
II.- Budo – Miles Davis (2.36)
III.- Remember – Hank Mobley (5.42)
IV.- Arietis – Freddie Hubbard (6.41)
V.- Midnight Blue – Kenny Burell (4.01)
VI.- Mood For Joe – Joe Henderson (8.03)
VII.- Christo Redentor – Donald Byrd (5.44)
VIII.- Fooprints – Wayne Shorter (7.31)
IX.- Moon River – Art Blakey (5.13)
X.- See See Rider – Jimmy Smith (6.34)


Sobre el autor: De entintado pasado, ha cedido sus derechos a los portavasos que cubren las tablones de algún bar censurado; a los cuales lee como cartas de Tarot. Amante de una buena bebida fría en días calurosos (al igual que en templados o apáticos), ha atestiguado en contra de los efectos del desvelo en más de una ocasión. Para mayores devenires, visitar su sitio personal:
 www.lacosaestaasi.blogspot.com

EPISODIO 2: EL BURRITO TASTES GOOD, PERO EL DORADO KNOWS BEST!


Dos tipos sentados en una banca de una oscura institución, esperando, uno de ellos, evidentemente más inquieto que el otro. El neuras, un tipo barbado de mediana edad, cargado de suéteres y chamarras que mira constantemente a un relajado y sonriente negro de dos metros de altura, vestido con unos groseros shorts de los que se usaban a mediados de los 70, de basquetbolista de mediados de los 70. El sonriente tipo sólo está cruzado de brazos con sus piernas extendidas, mirando a la nada.

-        Carajo, bueno Gizmo, ya dímelo ¿cómo funciona? – espeta repentinamente Sinuhé, líder absoluto de la Liga de Perdedores – dímelo por favor –

-        No lo sé jefe – contesta sin dejar de sonreír, sin moverse siquiera Gizmo Man, otrora miembro de los Globetrotters – sólo, funciona y ya

-        Pero no es así, o sea ¿por qué, por qué, por qué? ¿Lo deseas? ¿Lo mentalizas? ¿Son cosas que tienen que ver con alteración de la probabilidad? ¿Es algo místico?

-        No, no, no jefe… quiero decir… no lo sé – confiesa Gizmo rascándose la cabeza confundido – simplemente sucede, yo meto mi mano y algo útil sale, la verdad es que ni siquiera me quiero enterar qué hay ahí dentro. No me podría concentrar en el básquet si pensara en todo eso – en ese momento de su extraordinario afro saca un par de vasos desechables unidos en la base por un hilo y se lo entrega a Sinuhé-

-        ¿Ves? ¿Qué significa esto ahora? ¿Por qué siquiera me lo das? – increpa Sinuhé agitando los objetos y mirando al afro de Gizmo – tan solo tu corte es ridículo, es como un matorral, qué digo matorral, es como la copa de un sauce llorón y lo que más me… ahh… yo… lo siento Gizmo ¿sabes? A veces sólo quisiera juntar mis zapatillas rojas mientras repito “no hay lugar como el hogar” y despertar de todo esto, de vuelta en mi cama. Sólo estoy preocupado, no sé para qué la Comisión de la ONU me mandó a traer. Estaba tranquilo puliendo la placa con mi nombre, pensé que de eso se trataba todo…

Gizmo ahora se recarga y mira sus zapatos. Le gusta el color rojo, sus tenis eran rojos cuando jugaba basquetbol y era uno de los mejores en el mundo. – Me gusta el color rojo jefe… la gente de la ONU están justo detrás de estas paredes ¿no? Parecen muy metidos en lo suyo –

Gizmo mira los objetos que le dio a Sinuhé y éste pronto y no sin una pequeña duda apoya uno de los vasos en la pared y el otro en su oreja. No queriendo pensar en lo estúpida que era esa acción, se concentra y logra escuchar algo que lo saca de su anterior ánimo. – Vámonos Gizmo – dice después de unos segundos de atenta escucha – al hotel por nuestras cosas y llama al Hombre Puerta, lo necesito ya. Gizmo se levanta de su asiento mientras saca de su cabeza un teléfono celular. Gizmo adora tener todo lo necesario a la mano.

Mientras tanto, en la base de la Liga

-        Bien, ¿qué es la Carta de Redención?

Hutz se toma el cuello de la corbata, suda, no es inadvertido para el entrevistador, el de la cámara se mueve continuamente por aguantar la risa. La vida de Hutz no es fácil, nunca lo fue y no apunta a serlo algún día: La carta de redención es el documento que expidió… este organismo para que los supervillanos que se adjuntaran a esta… asociación… uhh…pues, los “errores” de los supervillanos fueron perdonados si servían a… esta… uh… bueno, los héroes aquí, lo que hacen es… ehhh, ser como sus oficiales de libertad condicional… de este… uh, grupo…

-        Está bien, sabemos que son un grupo de operaciones especiales que convocó una comisión evaluadora por parte de todos los gobiernos del mundo… es decir, de los que están con la ONU. Lo sabemos, estamos haciendo este documental enviados por ellos.

Hutz podrá ser un gran tarado, pero está muy incómodo contestando preguntas. Piensa que si este documental sale bien, habrá una buena impresión de todos hacia él, pero ahora mismo está muy nervioso (como siempre que no está inconsciente), así que opta salirse por la tangente, lo que sea que eso signifique. ¿Sabe? – gesticula titubeante – nosotros tenemos un asesor… un gran asesor… y sin duda, su elocuencia abarca más los quehaceres de nuestras operaciones. Permítanme guiarlos por favor.

Así, el equipo se dirige entre los pasillos de metal con adorno rocoso, laberínticos, con recovecos confusos, pero, pareciera que, dentro de toda su ineptitud, Lionel Hutz los conoce muy bien, tanto que su personalidad temerosa se ve disminuida conforme avanza. Se para frente a una reforzada puerta de metal. Jala un gancho que sirve para tocar la puerta. Aquí, Hutz titubea brevemente y pega en el metal logrando un eco chocante. La puerta se abre y al entrar, sentado en un humilde camastro se encuentra un individuo cubierto del cuello a los pies con una especie de manta gruesa. Sólo sobresalen sus dedos, entrecruzados, como en una postura de meditación. La cabeza es la de un indio sudamericano con corte de cabello como de Príncipe Valiente y una mirada tosca que mira hacia abajo. Con un acento amable, les pide que pasen y a Hutz le agradece: Lionel, gracias. No te sientas mal después. Hutz abre la bembota y cierra rápidamente la puerta. El crew se establece y el entrevistador sonríe mientras dice: así que tú eres El Dorado. Creíamos que era más difícil dar contigo. Parece que… no todos son tus amigos aquí. Pero sabemos que eres el mejor en este lugar, como una especie de semidios. Teniendo eso como antecedente, seguro ya sabes quiénes somos.

El tipo sin subir la mirada, sin moverse un poco, sólo dice: No, no sé quiénes son. Pero sé lo que quieren. Sé que van a fracasar.

El hombre de la cámara, desmonta ésta de su atril y con un pequeño clic en su costado, se transforma en una especie de arma: Con que ves el futuro ¿eh? – le espeta sonriente el hombre - ¿Y esa es tu especialidad? ¿Qué más sabes hacer?

El Dorado alza la mirada y contesta con ecuanimidad: No, no veo el futuro. Pero es obvio lo que sucederá una vez que lo piensas. Ustedes van a fracasar. El Dorado se levanta y alza los brazos para que la capa caiga. Ante el estupor de los cuatro individuos que sostienen armas y le apuntan. El Dorado revela su vestimenta: tiras de oro puro colgando de su cuello, bling bling con el número 42, una pequeña calavera ajustada a su cuello, bóxers en sus nudillos con las inscripciones LOVE en una mano y HATE en la otra. Un peto de oro puro, semiredondo, grueso como lingote, recostado, descansando sobre su bronceado plexus. Garigoles precolombinos, inscripciones incaicas y acabados cromados que reflejaban la escasa luz del lugar. Un taparrabos con las mismas características del peto y reforzados con pequeñas tiras de un cinturón con hebilla de garras con el rostro de un ídolo, tallado concienzudamente. Las botas no desentonan y tienen protección en la punta, una placa de metal plateado brillante, remachado con sendas tuercas con todo y rondana, el único elemento de toda su vestimenta que no brilla dorado. El hombre se dirige al centro del lugar y tras conservar unos segundos una pose quieta e imponente con sus dos manos levantadas como si acabara de lavarse las manos, un beat inesperado comienza, un sample de intriga, lento y no ausente de cadencia, llena la sala y El Dorado se prepara, en un delirio de bondad bondage e iluminación y chutzpah, a dejar claro quién es él:

Conservo un bajo perfil

                                      te puedes echar a reír

                                                                              pero cuando me conoces eres servil

El Dorado soy yo, NO, no bastará

                                                                          cuanto puedas aprender,

                                     no NO, ostentarás

                                                                                       conocimiento de este poder.

Los días, los años y las eras significan nada

                           el teatro de la vida lo represento con todas las entradas

                                                                                        miles de obras todas agotadas

y las actúo con filigrana

Esto es fatal, soy un animal, ¿¡no sabes que soy inmortal!?

¡Inmortal, no conozco el final

no puedo aparecer yerba en tu bolsa ni billetes en tu cuenta

pero no muero, no puedo morir!

YIEH! Hijoputa feo!

Soy inmortal, sé que te pone mal

no me pondré filosófico ni a disertar

 cuando vives tanto, es vano el bla, bla, bla

como vana es la idea de querer perdurar

Sí, that´s right… tú… en tu vida, eso quieres, quieres dejar huella, no estar en soledad, vivir tus años y en las mentes navegar. Te lo digo homes, eso no es ser inmortal, sólo eres un pensamiento eventual, un recuerdo que se va a borrar.

                       Siempre que te digan

que estarás vivo

                                                           en sus corazones

es una forma amable para esos cabrones
                         de decir que no importas más

¡Porque NO eres inmortal! ¡NO eres inmortal!

Es pena y gracia, ascender a la historia como desconocido

De las altas montañas a los bajos estilos

Tan larga mi barba y tan escaso mi destino.

 Si te preguntas mi falta de interés

no es difícil

sólo piensa al revés

cuántas vidas vi morir

 just do the math boy, future means nothing to me!

YIEH BUOOYYY!!!

En ese instante un cachazo pega en la barbilla de la impresionante revelación del hip hop, El Dorado para tumbarlo.

En la sala de entrada, encontramos un número similar, pero es la Conejita que continúa con la perorata del capítulo pasado, su escaso público lo nota ¡ha aumentado más letra con exquisita melodía a su lamento musical!: ¡Yooooooo, yo te amabaaaa, ahoraaaaa no quiero nadaaaahaaaaa!

En ese momento, con un estruendo enorme, parte del muro cae. Entra Ram Man acompañado de un portal del Hombre Puerta quien cae al piso extenuado y Sinuhé puteando al enano de los Masters of the Universe: ¡Cabrón, me la van a cobrar! Acompañado de Gizmo Man quien inocentemente buscaba encestar un improvisado balón de piedra en algún aro. Sinuhé no entiende por qué la Conejita yace sepultada bajo piedras. Hutz aparece corriendo sin rumbo en la escena. El jefe innegable ahora grita a los presentes: ¿Quiénes están en la base? ¡Necesito que vengan todos, Oolong, te necesito aquí, Hutz, localiza a los miembros de la liga que puedas, Esclavo, tráeme unas galletas Emperador, todos a la habitación de El Dorado!

La pequeña troupe de perdedores entra corriendo a los pasadizos laberínticos que llevan a la habitación del apreciado El Dorado: Ram Man por más saltos que pega no logra cubrir mucha trayectoria, pero en el momento final de un certero (más o menos) tope, derriba la puerta de los aposentos de El Dorado. Al estar en la entrada, todos ven que El Dorado está siendo llevado a un portal detrás de los cuatro individuos que buscan llevárselo lejos. El grito de guerra de Sinuhé es único, retumba con fuerza y raudos Gizmo, Cap. Cavernícola y Ram Man se arrojan. Oolong está a un lado del jefe quien también entra a la refriega como el borras, bien a lo pendejo. Los secuestradores no miden la consecuencia, disparan en esa oval caverna sus armas. Nada pendejo el Cap Cavernícola sale hecho madres, Gizmo Man ha conseguido de su afro un escudo gigantesco donde se arrincona Ram Man y el jefe. Ram Man brinca y busca acción pero es rebotado por la fuerza de los rayos. Una parte se derrumba por los impactos y el riesgo de colapsar tan bonita recámara de El Dorado, lleva a los villanos a empujar a éste al portal y brincar ellos, cerrándose tras de sí. Hutz llega justo con los refuerzos que halló en el lugar: una accidentada Conejita Blanca, Cap. Boomerang y el buen doctor Zoydberg. Aún así, el escenario pinta desolador. Los cuatro desconocidos lograron llevarse a El Dorado. Sinuhé, aún tirado en el piso, aún decidiéndose si entregarse al delirium tremens o a dar palabra al respecto, levanta la mano deteniendo los lamentos de los ahí presentes. Gizmo aún así, persiste: Jefe, ahora sí nos la hicieron buena… ¿qué pasó? Boomerang da un paso al frente, respalda a Gizmo muy a pesar de su xenofobia: Sí, ¿qué es lo que está pasando? ¿Cómo es que estos tipos son nuestros enemigos? Traían toda la acreditación de la ONU, yo mismo la revisé ¡y yo no me equivoco! ¿Entienden? ¡No es mi culpa! ¿Eh? ¡¿Ehhh!?

Calma Boomerang – interviene claramente el líder – nuestros enemigos son ellos. Esta secretaría, comisión, organización, lo que madres sea de la ONU… son ellos en verdad. Pudimos saberlo este güey y yo… pero no nos han ganado, no por el momento.

Boomerang cruza los brazos y logra su mejor mueca de hartazgo: pues como podrás ver, se llevaron a ese sudaca de El Dorado, la fuerza más imponente de la Liga como tú le dices y no sabemos ni a dónde. Yo creo que ya nos dieron en la madre.

Cállate cabrón – insta Sinuhé – mirad… a ver Puerta ¿onde andas?

El Hombre Puerta da un paso adelante y sale de un muro que estaba apenas visible. Tenemos una sorpresa señor Harkness – comenta cordial a Boomerang – El señor El Dorado está aquí – ondeando su mano, se pega a otro muro. ¡Este recabrón sustituyó al portal donde arrojaron a El Dorado, escondiéndolo detrás de uno de los muros de su recámara! El Dorado se levanta y pide que lo desaten, que es muy penoso verse todo medio sabe qué modo. Aún así, el resto de los ahí presentes, como Ram Man quien, con todo y sus limitaciones, quieren comprender quién fue entonces el que se llevaron los maleantes, ya que ellos también entraron a un portal con todo y El Dorado.

Esa, mis estimados culeyes, es la clave para saber en dónde están estos ojetes y saber qué se traen con nosotros nuestros jefes.- sentencia un enardecido y ya a medios chiles líder de la Liga - Y de aquí vemos quién se va a chingar a su madre más pronto. Esto ya es la guerra. ¡La guerra!

Continuará...




domingo, 16 de junio de 2013

DISTOPÍA Sensacional de Cultura No. 4 - PDF


Tema: El Olvido

DESCARGA AQUÍ DISTOPÍA No. 4

http://www.mediafire.com/download/mekavab8q1b2da5/Distop%C3%ADa+Sensacional+de+Cultura+No.+4+El+Olvido.pdf

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viernes, 14 de junio de 2013

DISTOPÍA PRESENTA: EL OLVIDO


“No existe el deber de recordar, sólo tenemos el derecho al olvido”
El elogio del amor de Jean- Luc Godard.

    El problema del olvido suscita una cierta ambivalencia fenomenológica. Por un lado, tenemos el rescate obsesivo de una gran gama de productos de la cultura popular (provenientes de diversas épocas), a través del  internet por acusar algo en la inmediatez. Lo que empezó siendo una moda retro se ha vuelto un estilo de vida y también una necesidad acuciante: la de recuperar un pasado en común. Sobre esa misma arista, la antropología aficionada, o la arqueología pop, busca en el hallazgo y en la compra de viejos objetos, el apaciguamiento de la marea interna de la nostalgia: viniles imposibles con su arte intacto, juguetes de una infancia soñada o imaginada, consolas o videojuegos de arcadia con aventuras sui generis y un sinfín de piezas más en un mercado de antigüedades ad hoc para explorar y devorar. Volviendo a lo digital: música descatalogada, cine y películas perdidas, libros en desuso, historietas, dibujos animados, imágenes icónicas, videos (VH1 es prácticamente un canal de los 80's) programas de tv en general, todo aquello que en algún momento hubo caído en el ostracismo, nuevamente vuelve a circular con viejos y nuevos seguidores.

No solo la infancia y la juventud se reconstruyen desde otra óptica, la historia misma de las artes se trastoca con nuevos exponentes que en su momento no fueron valorados, o en su defecto no tuvieron la oportunidad de ser conocidos más allá de sus fronteras. Vivimos entonces (en el aspecto de la añoranza), en los tiempos del Revival, incluso como ideología (los viejos ismos también vuelven a ponerse de moda y se reciclan). Personas y amistades también se recuperan gracias a las redes sociales (el amor sufre una reinvención con las fotografías del antes y el después). Nuestro mundo emocional no olvida (el olvido es naturaleza del hombre) y sin embargo a nivel político e histórico, nuestra memoria se vuelve cada día más endeble, en tanto que a nivel individual nos hace ver como seres desdibujados.

Del otro lado de la moneda, frente al diluvio de información y acontecimientos, tenemos una comprensión muy nula de la secuencia en la cual se presentan estos sucesos. Un evento sustituye velozmente al anterior, y debido a la rapidez en la que se intercalan, no hay  posibilidad de entender plenamente el significado de ambos en el mapa global. Y en cuanto a nosotros como espectadores, aguardamos el siguiente escándalo o la próxima tragedia al igual que un espectáculo de consumo más (infoentretenimiento o Reality Show). Tratamos las noticias como hechos aislados, nunca nos damos la oportunidad de explicarlas a fondo porque otra cuestión ya está ocupando su espacio en nuestro radar. Resultado, nuestra conciencia histórica e individual está en crisis permanente.

En consecuencia podemos reconocer el olvido en dos momentos: el olvido como un proceso natural, un filtro de nuestros pesares, de nuestra infinita e incesante gama de recuerdos, o como “analgésico” de propiedades “liberadoras”, intercambiables por memorias compartidas, ideales o en resultados de un olvido determina el no volver a mirar atrás.

En este número decidimos lo contrario, el equipo de colaboradores da un sentido pleno de la evocación. Roberto Juanz en sus Líneas Flotantes nos describe los pormenores en la naturaleza del olvido,  surcando de su desmedida e incontrolable arbitrariedad y contrariedad: “Olvidamos lo que no queremos olvidar y a la par olvidamos que queremos olvidar”. Para contrapuntear –aún más- recurre al desvanecimiento, la nada de la remembranza que  le define como la mandamás de lo que llamamos locura. Dos cosas no son prestas al olvido: el dolor y el amor nos dice, la simple simetría de la memoria. La propiedad del objeto como retrospección, como el requisito “terrenal” que nos avala en una creación de necesidades sobrevaloradas, de valor en sí mismo. 

José Huerta en su sección el Séptimo Sello nos detalla esto en un recorrido alegórico (videoclubes, consolas, cartuchos). Aludiendo la sincronización del tecne lúdico: del cartucho al cine (o viceversa en últimas fechas), concierto, acetatos, remasterización de películas son antes y ahora el futuro, son añoranza inscrita en el presente.

En la sección "Goodbye Cruel World" se nos plantea el cómo el mundo nos va olvidando y del como nosotros no olvidamos de él al morir; parece ser que el único sobreviviente en tal caducidad es el conocimiento, visto como una retransmisión absorbida por la realidad que no olvida. El ciberespacio como el referente de lo que somos, el mainstream como refractario de nuestros recuerdos, de lo que somos, la debilidad de la conciencia nostálgica, esto y más nos dice Hansel Toscano.

La recopilación como la garantía de lo vivido, el archivo como la confianza definitiva del pasado; aunque existen circunstancias que se niegan, se resisten a ser atesoradas, es entonces el derecho a la muerte de lo vivido, difícil tarea nos exhibe nuestra colaboradora Nadia Cortés en su sección "Bisagras" y lo contribuye diciendo los siguiente: “una obligación al olvido que implica un llamado a recordar de otras maneras, no un duelo posible atrapando y escondiendo lo que ya no está sino duelo imposible que nos haga recordar que el pasado siempre se está leyendo y reescribiendo nuevamente”. El olvido se construye en responsabilidad. 

Nuestro colaborador Pablo Sinhué da inicio a una de las sagas más delirantes que hasta este momento no se había escrito por el mero olvido, sin embargo él tuvo a bien el recordarle y contarle en “voz” de un grupo que de ganador no tiene nada, pero que de absurdo y delirante se escurre por todos lados. Adviertan el nacimiento de La Liga de Perdedores, les podemos apostar que no la podrán olvidar.

El olvido de las fechas y el apremio de la satisfacción, mientras que el yo se empolva en nuestro interior, por tanto pierden todo valor. Desafectados estamos y sin posibilidad alguna de recordarnos nos menciona Lorena nuestra colaboradora que se integra en este número con su sección llamada SPQR.

Cerrando Agustín Güiris nos describe la historia de un héroe musical olvidado (Cold Fact, Rodriguez). La historia de Rodriguez es una historia emotiva, en tanto que llega a conformarse en la emotividad de un  pueblo; 1970  es el año en el cual no sitúa nuestro colaborador para contarnos una historia que con seguridad atesoraremos; son de ese tipo de historias que te gustaría escuchar en cualquier tiempo y momento, además de hacernos ver que ni la posibilidad de la muerte llega a enterrar en totalidad un legado.

Habrán notada que no olvidamos y que del registro nos consumamos. Les invitamos una vez más a ser parte de estas remembranzas, parte del pasado en el que ahora mismo se sitúan, pasado al que le otorgamos en nuestras letras y en sus lecturas la imposibilidad alguna a la amnesia pandémica a la que burlaremos. Recordemos.


CARTOGRAFÍA DEL OLVIDO


           Si de aprensiones se trata la de mayor jerarquía descansa  en nuestros recuerdos, y hay en ello un sustentable motivo tan importante como la causa de que tales recuerdos, remembranzas, experiencias pasadas consolidan nuestra vida psíquica. Ante su ausencia sencillamente podríamos definirnos como no existentes, al menos desde la idea misma de la autoconciencia: existente para el resto ante la presencia como objeto, inexistente para ti como ser intrapersonal (yo profundo), sin evocación, pleno del olvido. Hasta dónde puede sostenerse  la idea del haber sido, del haber vivido si de fragilidad en gran medida se construye el hombre; indicadores que sufragan la memoria, aquella que por bien, orden se representa en el marco de la Historia (narrativa de los pueblos) o bien, en la historia individual ¿Qué valdría la pena entonces recordar?

Recordatorio es la vertiente a la asimilación, la asociación, contando en primera instancia con las imágenes mentales; su particularidad es que aun siendo tan propias responden a la arbitrariedad que en tantas ocasiones se aleja del valor dado: darle relevancia, clasificación y subsistencia a nuestro pasado remite a ser una ardua tarea. Mantenemos lo que en propósito no es tan relevante y olvidamos lo que no queremos olvidar, aquí el trasto del inconsciente que en voz de nuestra existencia almacena todo nuestro imaginario sin atributo alguno, “libre” si de adjetivarle se trata. En tanto que solicitamos de hechos que puedan dar constancia de lo que vivimos y fuimos, allí los roles que nos definen, las relaciones que nos sustentan (en la proyección, en las transferencias,  en la confrontación, en la complementación), en las experiencias que nos relacionan y nos afirman (el vislumbre de la vida, el encanto y las alegrías, en los sueños, en el descubrimiento, en el aprendizaje y en el conocimiento, en el desencanto, en  los tragos amargos, en las incidencias y los traumas), en los objetos y los espacios que reconocemos, que andamos y que nos influyen (los fetiches, los lugares y los ambientes, el arte, las fotografías, las cartas, lo escrito, lo mediático), cediendo todas a la caducidad, al inquebrantable olvido.

No hay nada más natural que olvidar, aquí la posibilidad de expulsar de la conciencia  lo incomodo, lo impropio y a la vez remplazándole por algo más fácil de sobrellevar, de tolerar, el vernos aislados de esto podría llevarnos a la descomposición misma de nuestro ser: trastornos, amnesia o locura. El olvido puede ser entendido como una resistencia, una negación de lo que somos, y de antemano de lo que decidimos. Olvidar permite desmarcarnos de la responsabilidad; el olvido es engañoso propiamente, se faculta a ser ocasionalmente idóneo, ocasionalmente doloso y ocasionalmente conveniente.

Ahora, al olvidar se nos permite el no recordarnos, el desvanecernos, deshacer el tiempo, en consecuencia el olvido hace de la temporalidad un terreno árido, seco en el que habitaría propiamente la nada. Señalando lo anterior y tratando de ubicarnos en un posible inmediatez en la que el señuelo es al anacronismo resulta entonces que el olvido es un bien preciado: más vale no recordar lo que fue dado, ello me exigiría resolverme en el presente, y si del presente soy consciente el olvido se convertiría en acción, su propiedad vendría hacer hasta ese instante valiosa ¿Por cuánto tiempo? Si el futuro apremiaría, ante su particularidad más representativa que es su velocidad tan desmedida que, en  coerción nos demanda olvidar, aquí pues, se hace evidente otro rasgo del olvido: su contrariedad, olvidamos que queremos olvidar (sin embargo lo hacemos), su fruto es la nostalgia.

Aunque al final nada se olvidada, el dolor y el amor son ejemplos competentes; hay en la profundidad de nosotros mismos restos o completos de nuestro ser, el “secreto” viene en el cómo digerirlo,  del cómo asimilar la experiencia de lo lejano, de lo remoto, de lo que somos y terminaremos siendo, siempre y cuando no lo olvidemos.

“Sólo después de olvidar eres completamente inocente y por eso mismo, definitivamente culpable”
Tokio ya no nos quiere, Ray Loriga



DEL OLVIDO AL NO ME ACUERDO


    Dicen que lo retro está de moda, la eterna añoranza por ese pasado que nunca va a retornar, resurge de entre las cenizas, una combinación peligrosa en estos tiempos modernos en los que la otra cara de la moneda, la era digital, avanza a pasos agigantados. Muchas veces surgen híbridos que a muchos pueden parecer grotescos como las fundas retro para iPhone o los relanzamientos de grandes autos norteamericanos como el Challenger con toda la carga tecnológica disponible al momento. Las re-ediciones de grandes obras cinematográficas con todas las innovaciones existentes (audio de 7 canales, en formato blue ray, escenas adicionales, etc.), esto por mencionar algunos cuantos de la inmensa vastedad de productos retro que encontramos en el mercado; lamentablemente no todas las cenizas de la hoguera donde se incineran los recuerdos resurgen para triunfar.

Algunos de ellos, como los formatos de video Beta y VHS, están a punto de ser considerados objetos de museo. No creo que algún niño de 6 años quiera andar cargando cinco enormes cassettes VHS, incluidas sus cajas, si puede ver el mismo número de películas sin siquiera cargar nada, todo desde la comodidad de su hogar teniendo una conexión a internet y una computadora, o una de las llamadas “Smart TV”. Una vez cumplidos los requisitos terrenales tiene que cumplir con los requerimientos virtuales, siendo el más importante de todos el billete plástico conocido como tarjeta de crédito, sin ésta, el pequeño no podrá acceder al catálogo ofertado por Netflix. Claro, Video o cualquier otro prestador de estos servicios digitales que ofertan una gran cantidad de todo tipo de películas: malas, buenas, regulares, de acción, de ciencia ficción, dramas, comedias, e incluso series de televisión, con la novedad de contar con algunas exclusivas para este formato, creando una base de datos con los gustos del infante para poder sugerirle en base a éstos el material que les puede interesar.

Con estas virtudes el pequeñito disfruta sin siquiera salir de casa a rentar una película en compañía de sus padres o amigos, dejando atrás los emocionantes viajes a un video club para los niños ochenteros, recorrer pasillos llenos de grandes cajas que invitaban a todos los críos a ser reproducidos en las obsoletas videograbadoras Beta o VHS; algunos de estos establecimientos formaban parte de las cadenas nacionales que perecieron a finales de los noventa o inicios del dos mil. Videocentro y su subsecuente agigantamiento en forma de Macro Videocentro, Video Visión y su imagen muy parecida a la de Televisa, las tiendas de Comercial Mexicana contaban con un video ubicado en el interior, podías comprar tu despensa y salir con alguna película rentada; lamentablemente la buena cara de la economía no sonríe todo el tiempo para ciertas empresas (o personas) y estas tres tuvieron que desaparecer, producto de las contantes crisis financieras a las que muchos mexicanos se han acostumbrado con el paso del tiempo.

A estos video clubs nacionales se sumaban también los locales, muchos de ellos han logrado sobrevivir y seguir el ritmo del implacable paso de la historia, otros siguieron la suerte de los desaparecidos gigantes del mercado, más aún con la llegada de grandes consorcios yanquis como Blockbuster; los que continúan en esa lucha por tener suscriptores y rentas han visto su triunfo con catálogos que van de lo exquisito a lo kitch, en el primer rubro podríamos ubicar aquellos que ofertan películas de “arte” y en el segundo a los que gusten del “video home”, con películas difíciles de encontrar.

El niño “dos milero” al que hacía mención al inicio de esta columna tiene otras opciones de entretenimiento, puede salir y comprar la figura de un Ewok, personaje que aparece en el sexto capítulo de la saga Star Wars, con la misma caja de aquellos que lanzó Keener a mediados de los ochenta, figuras que contaban con cinco puntos de articulación ubicados en cabeza, brazos y piernas, el mismo diseño del juguete pero actualizado, un regalo ideal de un padre nostálgico que duda entre quedarse con el añorado artículo que remite a un pasado lleno de felicidad y satisfacción, o entregarlo a su hijo y ver su sueño perpetuarse en su retoño; sin embargo, el futuro de ese niño avanza también de la mano de la tecnología, el muñeco puede dejar de ser funcional cuando el pequeño sepa que puede echar un partido de football en su consola con algún chavo que viva al noreste de Pakistán o del extremo sur del continente americano encarnado en un pibe de Mar de Plata.

Las posibilidades parecieran ser infinitas para este niño, difuminados en el espeso y pantanoso pasado quedaron las antiguas consolas caseras como el Nintendo o la Genesis de Sega, que tuvieron como padre al Atari 2600 que contaba con un control que disponía de una palanca y un botón, los juegos eran bastante simples, su programación era muy sencilla, por este motivo salieron muchísimos títulos entre ellos adaptaciones de películas como “E. T. el extraterrestre” o los Muppets, que los niños ochenteros pudieron disfrutar y a su vez, ver como uno de sus grandes héroes dio el salto de la T.V. a la pantalla grande. Me refiero a la adaptación de la serie animada “He-Man y los amos del universo” (héroe ochentero por excelencia entre los niños de esa época), tristemente la película fracasó y los Amos del Universo nada pudieron hacer para darle la grandeza que merecía a Eternia y sus dos castillos: Greyskull y la montaña tenebrosa.

Más adelante a principios de los noventa, un héroe de videojuego tuvo su aparición en la pantalla grande: Mario Bros, lamentablemente la traslación fue pésima, esto tampoco quiere decir que el juego tenía méritos propios para crear un argumento interesante, la sencilla premisa del héroe (encarnado por un plomero en este caso) rescatando a la princesa de una malvada tortuga gigante fue alterada en un bizarro accidente dimensional que posibilita al malvado Koopa a invadir la tierra, el resultado de la película es desastroso; sin embargo, los intentos de llevar una historia de videojuego al cine no quedaron ahí, las consolas han aportado a la industria cinematográfica jugosas franquicias que han explotado en todos los sentidos, como sucede con el juego “Resident Evil” y sus múltiples versiones, que no necesariamente son buenas pero sí bastante redituables.

De esta manera, parte del pasado pareciera acercarnos a nuestro presente creando una sensación de bienestar y confort gracias al simple recuerdo, o ¿por qué no?, tal vez a través de uno de los denominados artículos retro, no tendría nada de malo comprar algún acetato nuevo y reproducirlo en un moderno equipo de sonido que tenga la consola para esto (muchos de los cuales tienen ese aire retro también), tampoco sería erróneo ir al cine a ver la remasterización de la gran obra de Fracis Ford Coppola, “El Padrino”, o ir a ver el concierto “Celebration Day” de Led Zepellin al mismo complejo; la memoria no nos deja escapar de ese pasado, que puede ser tormentoso o feliz. Mi niño ochentero sigue ahí perdido en alguna cavidad de mi cabeza, jugando y riendo en algún rincón de mi mente, creando el eco de un ayer que no volverá; el niño “dos milero” está allá afuera, escuchando el susurro de ese eco que resurge invitándolo a jugar con los héroes que algún día a mí me hicieron volar e imaginar.

Reparto:
El niño ochentero
El niño “dosmilero”
El regreso del Jedi (Richard Marquant, 1983)
E. T. el extraterrestre (Steven Spìelberg, 1982)
El gran golpe de los muppets (Jim Henson, 1981)
Los muppets toman Nueva York (Frank Oz, 1984)
Los amos del universo (Gary Goddard, 1987)
Super Mario Bros (Annabel Jankel, Rocky Morton, 1993)
Resident Evil (Paul W. S. Anderson, 2002)
El Padrino (Francis Ford Coppola, 1977)
Led Zeppelin: Celebration Day (Dick Carruthers, 2012)


ARCHIVAR, BORRAR, ARCHIVAR, BORRAR… ESCRIBIR…


¡Tan duro de sobrellevar,
esos dos días pasados!
¿Cómo pude vivir
los años anteriores?
Sei Shonagon.
El libro de la Almohada.

           Cuando la dama de la corte de la Emperatriz Sadako, Sei Shonagon empezó hacer listas sobre las cosas que quería recordar a través de un cuaderno de notas informales que guardaba  en los cajones de las almohadas de madera, no se dio cuenta que había descubierto una forma de cargar el pasado o si se quiere de llevar el mundo a cuestas. Archivarlo todo para poder sobrellevarlo, no se trata pues de una mera compulsión melancolía, ni de una mera obligación de recordar a través de inscribir todas nuestras vivencias pasadas o elaborar una lista memorable sobre lo cotidiano; archivar sólo es posible porque existe también un deseo de olvidar, un cierto mal de archivo.

Se cree ciegamente que en los objetos coleccionados, en las frases inscritas, en las fotos tomadas para no olvidar hay una presencia del pasado, es como si todo lo recopilado fuese una ley que garantiza lo vivido, es el archivo lo que valida pero también lo que da forma a nuestros recuerdos. Buscamos el archivo para la confianza definitiva, para decir “sí, eso está ahí como prueba del pasado”. Pero hay algo que siempre se niega a ser archivado, resistencia que hace imposible el recuerdo pleno, el hacerlo venir a presencia nuevamente tal y como fue, la imposibilidad de hacer de una(s) memoria(s) un monumento, en todo caso, nuestros monumentos serían sólo una especie de delirio conmemorativo que cierra las historias a una única Historia.

El trabajo del archivo no consiste sólo, entonces, en la posibilidad y la obligación de guardarlo todo bajo el lema de que “hay que tener memoria” sino en el derecho a la muerte de lo vivido, el derecho al olvido y a la re-escritura. Pensar el archivo, crear un archivo no puede suponer un “recordar por recordar”, por la mera nostalgia, la memoria supone una política y una responsabilidad de cargar esa ausencia que ya no está, una obligación al olvido que implica un llamado a recordar de otras maneras, no un duelo posible atrapando y escondiendo lo que ya no está sino duelo imposible que nos haga recordar que el pasado siempre se está leyendo y reescribiendo nuevamente.

La obra del artista alemán Thomas Demand cobra importancia en el contexto en el que estamos leyendo aquí el trabajo con el archivo. Demand opera con el pasado, con ciertos acontecimientos de la historia de su país y de algunos otros más globales de una historia que comúnmente llamamos reciente, sin embargo, su acercamiento carece y se aleja, como bien comenta el crítico de arte Fernando Castro Flórez, de una preocupación dramática o conmemorativa del pasado. Como Shonagon, Demand utiliza el soporte de las maquetas y de las fotografías para inscribir acontecimientos que él mismo ha vivido de primera mano o muchos otros que sin haberlos experimentado (como las anécdotas que cuenta la japonesa sobre otras personas o acontecimientos) lo han tocado de alguna manera.

Lo particular de su obra consiste en su forma de proceder y en hacer evidente esa ausencia de lo que resiste a ser archivado y que apela a una nueva forma de memoria. Demand juega con el modelo y con algo que podríamos llamar un cierto “vaciado” de la memoria, por medio de sus maquetas lo que hace es recrear el escenario, el lugar de un acontecimiento pasado sin ninguno de los personajes que intervienen en él, por ejemplo, Badezimmer (1997) donde utiliza la foto del político Uwer Barschel que fue encontrado muerto en la tina de un hotel y cuya noticia conmocionó a Alemania Occidental en 1987. Después de la recreación del escenario a pequeña escala en una maqueta, el artista toma una fotografía que se convierte en el producto final destruyendo el modelo a partir del cual la realizó.


O en su trabajo Fotoecke (2009) donde rehace una estancia de la prisión de Gera en la cual fotografiaban diariamente a los presos y que tiempo después se descubre que detrás de la pared blanca había un aparato de rayos X utilizado sin lente que emanaba una radiación constante que fue seguramente la causa de la leucemia de muchos reclusos.




En la obra Kinderzimmer (2009), Demand juega con sus propias memorias personales haciendo alusión a un escenario de su niñez, recreación de memoria, en la cual al observar la fotografía se hace presente eso a lo que tanto hemos apelado como condición del recuerdo, la necesidad de una memoria que hace presente no un pasado sino su ausencia, la responsabilidad de que eso no está ahí, la necesidad de reescribirlo constantemente. Y es que volver a escribir, a modelarlo, a vaciarlo y darle sentido es lo único que nos permite llevar a cuestas el mundo, cargarlo y hacernos responsables de un pasado histórico, nueva forma de recordar sin el lastre de la monumentalidad y de una herencia acrítica, ya no nostalgia sino derecho de olvidar, en donde olvido quiere decir hacernos cargos de nuestras memorias y de nuestro porvenir.